—Es la primera vez que veo al señor Ballestilla cortés y comedido. Pero á propósito de lo que estábamos hablando antes de que llegase, ¿qué os decia yo..? es bueno esperar para ver... os convidan á comer... ¡bah! de seguro que de este convite salen muchas cosas.

—Por lo pronto sale una que me contraría en extremo.

—Sepamos: ya podeis haber conocido que yo sé hacer milagros.

—Pues ved si lograis hacer uno que necesito, aunque me parece difícil.

—Veamos.

—Decís que ese caballero es muy rico.

—Si por cierto.

—¿Viste con esplendidez?

—Terciopelos y brocados, y una cruz de Santiago de diamantes y rubíes lleva con mucha frecuencia, que vale un tesoro.

—Pues ved ahí que yo no puedo presentarme en casa de hombre tan principal y á primeras vistas con mi vestido de camino, ni con este coleto usado que llevo bajo el coselete: necesito gorra, jubon greguescos, calzas, zapatos, todo rico y bueno: hasta espada y daga: diablo.... diablo.... necesito vestidos riquísimos, y nada traigo conmigo mas que dinero y camisas limpias.