—Esperad un momento; vos teneis lo que yo necesito y yo tengo lo que vos necesitais;
—¿Que quereis decir? exclamó el marqués poniéndose de nuevo encarnado como una guinda.
—Quiero decir que hace mucho tiempo que nos conocemos, para poder tener entera confianza el uno respecto al otro. Ademas que recuerdo que nos conocimos por haberme vos salvado la vida en una riña. ¿Os he ofrecido yo oro por la vida que me disteis?
—¡Bah! no hablemos de eso. Ahora bien: tomad de mi lo que habeis menester; mejor dicho: tomad lo vuestro por que vuestro es todo lo mio, y adios.
—Ya sabeis que yo soy firme en sostener lo que digo.
—Si á fe.
—Pues os afirmo que si no aceptais el precio de esas prendas que necesito no uso de ellas.
—Esto es ponerme entre la espada y la pared, amigo Lopez.
—Esto os lo digo para que sepais, que me interesa en gran manera tener antes de poco esos vestidos y esas armas; que no cediéndomelos por su valor, no los tomo, y que obligándome á no tomarlos, me poneis en un caso apuradísimo.
—Con vos no hay medio. Sea. Quedad con Dios. Ya hablaremos de eso.