—Si, pero cubierta con el manto.
—¡Oh! ¿y no habéis tenido curiosidad?
—Si por cierto: pero cerraban por dentro con llave la puerta del aposento.
—De modo que no la conoceis.
—Ni mas ni menos que vos.
Golpeó impaciente Angélica el pavimento con su pequeño pié.
—Pues yo necesito ver frente á frente á esa mujer, dijo.
—Lo creo, murmuró el rapista, no encontrando otra cosa mejor que contestar á la comedianta.
—Y es que vos me vais á procurar que la conozca.
—¿Y cómo?