Primeramente el introito, con una loa de Torres Naharro, autor dramático, que floreció á principios del siglo XVI. Despues la comedia en cuatro jornadas, y en verso, de un autor desconocido, titulada: «Reina Moraima». En tercer lugar, un coro y baile, titulados «El amor». En cuarto, el «Paso del convidado», de Timoneda; autor valenciano, que floreció por aquellos tiempos: y últimamente, el «Paso del ciego», de Lope de Rueda, que de batidor de oro, se habia convertido en insigne autor y comediante.

En la imposibilidad de ofrecer á nuestros lectores toda esta funcion, diálogo por diálogo y punto por punto, vamos á trascribirles la loa ó introito que declamó el bobo (asi se llamaba entonces á los graciosos), no solo para que juzguen del gusto dramático de entonces, sino para que observen con cuánta libertad hablaban entonces al público los autores y los comediantes.

Hé aquí la loa que el bobo declamó con gran desemboltura y maestría á vuelta de botargadas, que se recibian muy bien en aquella época.

«Dios mantenga y remantenga
mia fé á cuantos aquí estais,
y tanto pracer os venga
como creo que deseais.
. . . . . . . . . .
Pues pobretos,
que quereis vivir sugetos
al mundo y á su cebico,
en mi tierra los discretos
al contento llaman rico.
Por probar
ora os quiero preguntar:
quien duerme mas satisfecho,
yo de noche en un pajar
ó el Papa en su rico lecho?
Yo diria
quel no duerme, todavia
con mil cuidados y enojos;
yo recuerdo á medio dia
y aun no puedo abrir los ojos.
Mas veran:
que dais al Papa un faisan
y no come del dos granos;
yo tras los ajos y el pan
me quiero engollir las manos.
Todo cabe,
mas aunque el papa me alabe
sus vinos de gran natio,
menos cuesta y mejor sabe
el agua del dulce rio.
(aplausos generales.)
Yo, villano,
vivo mas tiempo y mas sano,
y alegre todos mis dias,
y vivo como cristiano
con aquestas manos mias.
Vos, señores,
vivís en muchos dolores
y sois ricos de mas penas,
y comeis de los sudores
de pobres manos agenas.
(aplausos de la gente de á pié.)
Y infinitos,
que teneis los apetitos
tan buenos como palabras,
no comiérades cabritos
si yo no criase cabras.
Concrusion:
pues os demando perdon
me lo debeis conceder,
y pues que fué mi intencion
venir á daros prazer;
y será:
que una comedia verná
Reina Moraima llamada.
Sabed que no faltará
de graciosa ó desgraciada.

A continuacion, el bobo charló en verso el argumento de la comedia, y, concluido, retiróse dentro, llevando consigo una salva de aplausos.

Despues de esto é inmediatamente debia salir la reina mora, y decir al público, que su padre habia sido asesinado, su esposo asesinado, sus hijos asesinados, y que iba por el mundo en busca de un caballero que la vengase del hombre que habia asesinado á su padre, á su esposo y á sus hijos.

Sin embargo, Angélica que debia representar la reina mora, no parecia; el público empezaba á impacientarse, y á murmurar, y á silbar al fin, y armar un verdadero alboroto.

Veamos en qué consistia la tardanza de Angélica.

Apenas habia entrado en su aposento don Alonso de Fuensalida, cuando maese Pertiñez, se deslizó por una escalera de mano, que mas allá, apoyada en la balaustrada, daba al escenario, y pasando entre moros y cristianos, llegó á un espacio cerrado por tapices, levantó uno y se encontró frente á frente con Angélica.

Estaba la comedianta deslumbrante de hermosura; tenia en la cabeza sobre las pesadas trenzas de sus cabellos, un adorno de plumas y diamantes, un riquísimo collar sobre el casi desnudo seno, y una magnífica y ancha túnica de brocado blanco de tres altos: tenia en la mano su papel plegado, en el que no estudiaba; por el contrario, le rompia lentamente y con cólera en pequeños pedazos. Sobre una mesa inmediata habia un objeto de poco volúmen envuelto en un pañuelo de encaje.