—Se me acusaba de una falta que no habia cometido.

—Es costumbre, segun dicen, que los veinticuatros, antes de entrar en cabildo, dejen á la puerta sus armas.

—Yo tengo privilegios...

—Que alegásteis con demasiada dureza.

—Eso podrá decir el corregidor que se atrevió á llamarme desleal y á mandar que me llevasen preso.

—El corregidor, vasallo fidelísimo de su magestad el rey de España é Indias, tiene motivos para llamaros traidor. El presidente Deza ha podido decir, por ejemplo, que andais en conspiraciones, que alentais á los moriscos para que se rebelen...

—¿Y quién ha dicho eso al presidente...? su nombre señora si lo sabeis... el nombre del traidor.

—Se lo he dicho yo...

—¿Vos...?

—Yo precisamente no, pero sí un escrito mio, en que le recordaba vuestras continuas denuncias á las Alpujarras...