—¿Que no podeis amarme....?

—No, porque soy casada.

—¡Casada! exclamó con asombro don Fernando. ¡Casada! ¿y con quien?

—¿Qué os importa eso? ¿No sois vos tambien casado?

—Pero casado con una cristiana á quien puedo repudiar.

—¡Repudiar á la pobre Isabel, á la madre de vuestro hijo!

—Los reyes prima.....

—¡Aun no sois rey y ya quereis cometer los crímenes de los reyes!

—¡Ah! vos que os habeis casado sin duda con algun poderoso príncipe musulman, vos que en todo habeis sido afortunada...

—¡Ah! que he sido afortunada en todo. Pedid á Dios, primo, que vuestro corazon no vierta el llanto de sangre que ya ha vertido el mio; pedid á Dios que os haga mas venturoso de lo que yo he sido. ¡Casada con un príncipe musulman! Si tal fuere mi esposo, ¿seriais vos rey de Granada?