—Tendremos cuanto hayamos menester: seguidme.
Amina se levantó, y se encaminó con paso seguro por el oscurísimo espacio que poco antes tenia á sus espaldas: don Fernando la siguió: poco despues, Amina empujó una puerta, y se encontraron en un aposento ennegrecido y ruinoso. En el centro de él, habia una mesa con tapete, sobre la que se veian dos bujias, y un tintero de plata: á uno y otro lado de la mesa habia un sillon. Sentóse en uno de ellos Amina y en el otro don Fernando.
—Véamos esas condiciones, dijo este.
—Esperad un momento: quiero cortaros toda evasiva, demostrándoos que sois casado con Isabel de Rojas, y que teneis de ella un hijo que se llama Ben-Yaschem.
—Hablad: quiero probar si vuestro padre está bien informado.
—Mi padre sabe todo lo que le conviene saber, primo. Vais, pues, á juzgar: vuestro padre, mucho tiempo antes de que vos nacíeseis, fue preso por el capitan general de Granada; esto hace mas de veintidos años. Durante la prision de vuestro padre, os dió á luz vuestra madre doña Elvira de Céspedes: acusado vuestro padre de la muerte de su cuñado Miguel Lopez, esposo de vuestra tia doña Isabel de Válor, y padre de nuestro primo Aben-Aboo, murió en la prision á que habia sido condenado de por vida.
—Mi padre fue víctima de una traicion oscura, exclamó con calor don Fernando; y ¡ay del traidor si alguna vez llego á descubrirle! ¡ay de su sangre!
—En efecto, hay mucho de misterioso en algunos sucesos de nuestra familia, misterios que mi padre no ha podido descubrir á pesar de su poder. La verdad del caso es, que vuestra madre os amaba demasiado para daros una buena crianza, y que vuestro tio don Fernando de Válor, que ahora lleva el nombre de Aben-Jahuar, os pervirtió desde vuestros primeros años. A los catorce, perdonad lo que voy á deciros primo, á los catorce años erais ya un pequeño libertino. Por entonces conocísteis en el Albaicin una doncella que tenia vuestra misma edad, os enamoráisteis de ella, y ella se enamoró de vos. Pero el padre de Isabel de Rojas, que ella era, tenia demasiado interés en haceros su yerno, y guardó tanto á su hija, que vos á trueque de poseerla, os casásteis con ella, por ante la iglesia católica, sin que lo supieran, ni vuestra madre ni vuestro tio, porque aquel casamiento fue secreto. Si el padre de Isabel hubiera vivido, aquel matrimonio no hubiera tardado en ser público: pero el padre de Isabel murió antes de que su hija diese á luz el fruto de sus amores, y quedó sola Isabel: vos la abandonásteis don Fernando, abandonásteis á vuestro hijo...
—Y quien os ha dicho, prima...
—En vano buscais una disculpa, la conciencia os acusa: por lo demás, y á pesar de que Isabel haya callado y sufrido, porque cree que no habeis abandonado á su hijo...