—Eso por supuesto, contestó Rincon.
—Ademas, insistí, habeis de aceptar el precio de los dos retratos, del suyo y del mio, puesto que son dos trabajos en que os debeis ocupar.
—¿Y estais decidido, me dijo mirándome fijamente, á no dejaros retratar sino bajo esas condiciones?
—Decidido de todo punto.
—Sea lo que vos querais: con esto creo que nuestro trato esté concluido.
—Sí por cierto. ¿Y cuándo me entregareis el retrato de doña Ana?
—Dentro de ocho dias: pero para ello será preciso que dentro de ocho dias esté concluido el vuestro. Hoy prepararé la tabla. Venid á buscarme mañana al amanecer.
Volví al dia siguiente despues de una noche de insomnio.
Encontré á Antonio del Rincon trabajando ya en la copia del retrato de doña Ana.
—¿No temeis, le dije, que venga don Juan y os coja en el fraude?