—No por cierto, me contestó: don Juan viene muy de tarde en tarde: ademas, cuando llame, antes de que le abran trasladaré estas dos tablas á lugar seguro. Ahora permitidme que me apodere de vos para trasladaros á la tabla: desde este momento me perteneceis. Os tengo como quiero; pálido, lo que aumenta vuestra... hermosura, y sencillo aunque rica é hidalgamente vestido.
En efecto, Rincon se apoderó de mí, me colocó frente al retrato de doña Ana de pié, puesta una mano en la cadera, y sosteniendo con la otra mi gorra.
Rincon empezó á trabajar: al poco espacio yo no veia nada; no pensaba en nada; solo veia á doña Ana que estaba frente á mí, solo pensaba en ella: no sé cuanto tiempo estuve inmóvil en aquella posicion, mirando enamorado, loco, á doña Ana.
Al fin Rincon lanzó un grito de triunfo.
—¡Es mi mejor obra, mi grande obra! exclamó: ¡jamás he pintado una cabeza como ésta! ¡Mirad!
En efecto, al ver la cabeza que enteramente habia pintado Ricon, me estremecí: en aquella cabeza enteramente semejante á la mia, estaban pintados al mismo tiempo el deseo, la ansiedad, la duda: mis ojos exhalaban una ardiente mirada de amor: Rincon habia sorprendido la expresion con que yo habia estado contemplando el retrato de doña Ana, y la habia trasladado á la tabla. Solo al ver la obra del pintor, examinándome á mi mismo, comprendí que estaba enamorado.
—Es necesario que borreis esa cabeza, le dije.
—¡Borrarla! ¡quereis borrarla! exclamó con ímpetu poniéndose en actitud amenazadora delante de la tabla; ¿quereis arrebatarme mi fama? Esto seria cosa de andar á estocadas.
Fue necesario ceder ante el entusiasmo de Rincon. Durante ocho dias estuve yendo todas las mañanas al amanecer y permanecí en casa del pintor durante cuatro horas. Al cabo de los ocho dias mi retrato enteramente concluido, habia desaparecido: en cambio, Rincon, despues de haber envuelto cuidadosamente en paños el retrato de doña Ana y metídole en un cajon, me lo habia entregado.
El retrato habia sido trasladado á este mismo lugar. Hace mas de veinte y cuatro años que está ahí; hace mas de veinte y cuatro años que ese tapiz le cubre, que esa lámpara le alumbra.