—¿Teneis un aposento en que pueda estar solo? dijo Aben-Aboo.
—¡Oh! si señor, y bien abrigado; seguidme si gustais.
Y tomando de un anden una palmatoria con una bugia hizo luz, y saliendo de detrás del mostrador, atravesó la taberna, y seguido de Aben-Aboo, abrió una puerta, y entrambos subieron por una estrecha escalera, y se encontraron en una reducida habitacion en que habia una mesa, algunas sillas y un barreño con fuego.
El tabernero puso la luz sobre la mesa, y dijo encarándose á Aben-Aboo.
—¿Necesitais algo mas?
—Si, necesito que me contesteis á una pregunta. ¿No sois el tabernero que estaba aquí hace seis meses?
—Ya veis que no, respondió con un severo laconismo el preguntado.
—Toméle la taberna, se fué é ignoro su paradero.
—¿Pero esta taberna no es la del Hardon?