—Somos, pues, el uno del otro.

—Como hermanos de venganza ahora.

—¡Y cuando se satisfaga esa venganza!

—Creo que para entonces os amaré..... os amaré como yo amo, con toda mi alma.

—Para eso es preciso que no nos separemos.

He despedido esta noche á mi doncella para estar en libertad de obrar.

—¿Qué quereis decir?

—Que voy á seguiros ahora mismo.

—¿Y el señor Cisneros?

—¡Ah! ¡Cisneros! ¡pobre loco!