Con tantas causas, con tan repetidos vejámenes, estaban dominados por un profundo disgusto y predispuestos á la insurreccion por cien fatales elementos.
CAPITULO XIV.
El licenciado Juan de Ribera.
Era el jueves 24 de diciembre de aquel año, tres dias despues de la proclamacion de Aben-Humeya.
Era muy de mañana: despues de haber celebrado la misa de alba, y mientras maese Barbillo le desnudaba de los ornamentos, el licenciado Ribera, dijo al sacristan lego:
—Ireis inmediatamente casa del señor corregidor, que con sus alguaciles y gente de justicia esté esta misma mañana á la hora de las once en la iglesia.
—Se lo diré, contestó con voz gangosa y humilde Barbillo.
—Ireis despues á la posada del señor marqués de la Guardia...
—El señor marqués hace dias que anda fuera de la villa, observó el sacristan.
—Pues á falta del marqués, ireis á la posada de su teniente el señor Cristóval de Belorado, y le direis que con su bandera y sus hombres vestidos de gala, venga asimismo á las once.