—¡Y os condenariais, desdichado! exclamó con una irritacion terrible el eclesiástico, os condenariais si os atreviéseis á jurar que ese caballero habia pasado por delante de la imágen de Nuestro Divino Redentor sin descubrirse ni santiguarse.

Barbillo se quedó mirando de una manera atónita al bachiller.

—¡Arrepentíos! ¡arrepentíos, y haced penitencia por haber calumniado á tan cristiano caballero! mas valiera que el tiempo que habeis empleado en alentar tan ruines pensamientos, le hubiérais invertido avisando á la gente que os dije.

Cuando el sacristan volvió de su asombro y notó que se encontraba solo en la sacristia, cambió rudamente de aspecto, dejó su posicion encorvada, se irguió, brilló en sus ojos una expresion salvaje, y exclamó:

—¡Cien rayos y cien truenos! ese clérigo mentecato lo cree todo: ¡decirme que ese hombre es cristiano! Cuando doña Elvira me ha prometido un tesoro si logro apoderarme de él, algo hay mas de lo que el licenciado Ribera cree: yo he seguido á ese hombre y le he visto perderse en la montaña; le he visto además hablar con los monfíes entre las breñas de la rambla de Yátor, y esto mas de una vez: hace tres dias que ha venido de Granada y no ha venido solo: le acompañaba una hermosa dama; que me confunda Dios, si anoche cuando nos apaleó no le oimos soltar un juramento en árabe.... yo no aborrecia á ese hombre..... pero desde anoche que nos zurró de lo lindo, le tengo ojeriza. Afortunadamente tenemos á las puertas del pueblo á la Inquisicion.

Dicho esto, tomó una capa parda y un enorme sombrero de un rincon de la sacristia, y salió: desde el momento en que estuvo en la calle, su estatura herguida y corpulenta se encorvó; su rostro antes feroz, adoptó de nuevo su expresion humilde, miserable é hipócrita, y empezó á saludar á todos los que encontraba por la calle, con una expresion servicial que tenia mucho de estúpida.

De repente, una mano se apoyó vigorosamente en su hombro.

Volvióse Barbillo, y vió ante sí á un hombre como de cuarenta y cinco años.

Aquel hombre era don Fernando de Válor, hermano de don Diego, tio de Aben-Humeya, á quien nombraremos en adelante con su nombre árabe: esto es, con el de Aben-Jahuar-el-Zaquer.

CAPITULO XV.