—Ellos, son: murmuraba á su vez Aben-Aboo: si; los dos hombres que hace dos dias rondan mi atalaya. Desde aquí no se les distingue bien; pero los reconozco por la capa parda del uno, y la gris del otro: el de la capa parda, es sin disputa aquel comerciante que representó con Angiolina en la comedia «Reina Moraima», Andrés Cisneros: no me cabe duda; en cuanto al otro creo haberle visto tambien, pero no sé quien es: ¿qué busca el señor Cisneros en mi casa? ¿Tendrá á caso algun derecho sobre la princesa? pues en mal hora os habeis venido á las Alpujarras, galanes.
Y Aben-Aboo, trás estas palabras se separó de la ventana.
Al volverse vió á su tio.
—¡Ah! gracias á Dios, dijo: hace una hora que os espero.
—He tenido que atender á asuntos importantes, sobrino; contestó Aben-Jahuar: creo que tú tambien tienes entre manos asuntos de interés.
—Si por cierto, tio, contestó Aben-Aboo, me ocupo en pensar de qué manera puedo ser mas útil á mi patria.
Movió en un movimiento de incredulidad la cabeza Aben-Jahuar.
—¡Qué! dijo ofendido el jóven, ¿creeis que no haré yo tanto como el que mas por romper el yugo de los cristianos?
—No digo eso, sino que en estos momentos, en todo pensabas menos que en nuestra empresa.
—¿Teneis la pretension de adivinar, tio? dijo con cierta secatura Aben-Aboo.