—Mi sobrino Aben-Humeya te ama.
—Ciertamente, como ama el carnicero á la oveja.
—En mala disposicion de ánimo empezamos la guerra.
—Esforcémonos todos: mi primo es rey, Aben-Farax alguacil mayor, vos capitan general, yo infante: nuestro poderoso pariente el emir de los monfíes nos ayuda...
—Y todos nos aborrecemos.
—¡Que nos aborrecemos!
—Esta es la verdad; Satanás se ha metido en medio de nosotros.
—Yo por mi parte...
—Tú estas tan empeñado como cada ano de nosotros.
—¡Empeñado! ¿y en qué?