—¿Y sabes por qué tu madre tiembla la guerra?
—Es cristiana de corazon.
—Tu madre ama...
—Es natural que ame á su hijo.
—A mas que á tí ama á otra persona.
—Mi madre no se ha quitado aun sus lutos de viuda, que lleva hace veintidos años.
—Mas de veintidos años hace que tu madre amaba con toda su alma á otro hombre que no era tu padre.
—Teneis fama de maldiciente, tio.
—Yo no digo que mi hermana, la pobre Isabel haya faltado á su virtud; la conozco mejor que tú: mi hermana ha sido una mártir de su familia, y aunque ha amado, aunque ama á un hombre que debió ser su esposo, ni le ha alentado con una sola esperanza, ni aun ha consentido en verle, desde el dia en que se casó con tu padre. Pero ama á ese hombre, le adora, y se estremece por él tanto como por tí... Teme la guerra, la evitaria á costa de su sangre.
—¿Y qué hombre es ese á quien decís que mi madre ama, y con quien debió casarse?