—Ese hombre es nuestro pariente el poderoso emir de los monfíes.

—¡Ah! exclamó Aben-Aboo, comprendiendo entonces el amor con que le habia tratado Yaye.

—¿Y estás seguro sobrino, de que esos dos hombres que observan con tal interés y tan de lejos tu casa, no sean monfíes enviados por el emir, en un dia en que han de tener lugar graves acontecimientos?

—Os afirmo que esos hombres no son monfíes.

—Pues entonces, no es tu madre el objeto de esos hombres.

—¿Y cuál creeis que pueda ser?

—Bien pudiera ser una dama que has traido imprudentemente de Granada.

—¿Quién os da tantas noticias, tio?

—Nada pasa en las Alpujarras que yo no lo sepa: por ejemplo hace tres dias que llegó á Yátor otra dama que tambien te interesa mucho.

—¿Una dama que me interesa...?