—Pretende un imposible. Hacer su esposa á Amina.
—Pero eso no puede ser, mi prima es casada.
—¿Pero con quién? ¿con quién? dijo Aben-Jahuar con cierto temor ¿quién es el afortunado esposo de esa mujer?
—Se os sale la ambicion por los ojos, tio: no creeis que la sultana Amina pueda estar casada con menos que con un emir de Africa y temeis que ese emir se ponga entre Aben-Humeya y vos. Descuidad... descuidad de todo punto.
—¿Pero sabes tú quién es el marido de la sultana?
Sonrió con el desden de la superioridad, Aben-Aboo.
—Mi prima no está casada, dijo, sino simplemente deshonrada.
—¡Mira lo que dices! exclamó Aben-Jahuar mirando en torno suyo con recelo: en todas partes hay monfíes y esos tabiques...
—Descuidad, tio: por lo mismo que sé que podemos estar espiados hablo muy bajo.
—¿Pero qué pruebas tienes...?