—Te he dicho que puede ser que lo sepa, lo que quiere decir que no lo sé.
—¿Y teneis medios para saberlo?
—Los buscaré...
—Y entonces...
—Lo sabrás.
—¡Ah tio, tio! conozco que sois un demonio, y sin embargo me parece que me voy á condenar con vos.
—O á salvarte.
—El olor de la sangre y de la carniceria me da ya en las narices.
—Procura que ese olor no te desvanezca: si oyes mis consejos, y eres valiente y leal, hijo, grande suerte te espera. Pero por el momento muéstrate con Aben-Humeya como un hermano; con Aben-Farax como con un amigo.
Aben-Aboo; estrechó la mano de Aben-Jahuar.