—Mariblanca es mi ama desde que se bautizó, dijo el beneficiado, y cuando digo que es mi ama, añado que es buena cristiana y buena doncella, que de otro modo no la tendria yo conmigo.

—¿Y cuánto tiempo hace que se bautizó esta... doncella?

—Hace diez años.

—¿Y qué edad teneis, moza?

—Veinticinco años, señor.

—¿Es decir, exclamó severamente Molina de Medrano, que tomásteis por ama, una doncella morisca de quince años, garrida y hermosa?

—Estaba abandonada... su padre la habia abandonado.

—Debísteis evitar el tenerla en vuestra casa.

—Hícelo por caridad.

—Idos á vuestros quehaceres, muchacha, dijo el inquisidor, y procurad ser en lo sucesivo tan cristiana y tan honrada como lo habeis sido hasta ahora.