—Las que vuestro señor quiera.
—Bien, ¿pero y si mi señor no tiene ganas de comer?...
—Pedid vos.
—Y si...
—Sois el lacayo mas hablador del mundo.
—Lo que no quita para que seamos buenos amigos.
—Yo no os conozco.
—Pues conozcámonos. ¿Hay doncellas en esta casa? no me pesaria conocer á las doncellas.
—Quedad con Dios; dijo el esclavo abriendo la puerta.
—Vaya con Dios vuesamerced, contestó empinándose una botella Peralvillo.