Peralvillo se quedó durante algun tiempo mirando aquella puerta con desesperacion, y luego se entró en la cámara, tomó de un rincón, donde solia ocultarlas, una botella, se la empinó, y despues fué á tenderse de una manera heróica en la cama de su amo.
Este entre tanto, guiado por el esclavo, habia llegado á otra cámara á cuya puerta le salió al encuentro un hombre que se arrojó entre sus brazos.
Era su tio.
Despues de los primeros apretones, el marqués dijo á don César:
—¿Qué significa esto?
—¡Cómo! ¿no sabeis lo que esto significa?
—No por cierto, mi buen tio, porque esperaba no volveros á ver tan pronto.
—Creo que te casas.
—Eso sospecho.
—¡Cómo! ¿pues no lo sabes de cierto?