—Si, pero podrá creer que me caso...

—¡Por interés! ¡bah! tus rentas son considerables, sobrino.

—¡Mis rentas! ¡si estan empeñadas hasta el cuello, segun me dijísteis vos hace mas de un año en una carta dentro de la cual, me enviásteis la provision de la compañía que mando!

—Es mucha verdad: pero tambien lo es, que los usureros que cobraban tus rentas, me vinieron á ver uno trás otro, me dieron muchas y rendidas gracias por haberles pagado...

—¿Pero les pagásteis vos?

—¡Yo! ¿de dónde ni cómo? Los sacos y las buenas presas, han andado por el cielo en el poco tiempo que he estado en los Paises Bajos, y aunque hubiéramos entrado en Gante, á saco mano, no hubiera tenido con mi parte ni la centésima de la cantidad que se necesitaba para el tal desempeño.

—¿Con que es decir...?

—Que las escrituras de todas tus haciendas estan allí desempeñadas.

El marqués que era noble, generoso y altivo, alzó los ojos al cielo, y suspiró con impaciencia y pena.

—¡Como ha de ser! dijo: ella es primero.