—Indudablemente: pero vamos á lo que importa.

—Si, á la conversion del Ferih de los Berchules.

—Pues no tenemos el gusto de bautizar á ese descreido.

—¡Cómo! ¿por qué?

—Porque mientras yo fuí á veros, el tal bandido se ha escapado.

—¡Cómo! ¿pues no estaba herido, y herido de peligro?

—Eso mismo me he dicho yo: no lo comprendo, pero lo cierto es que se ha escapado... yo lo he sentido mucho y vos, no debeis sentirlo menos.

—¡Oh! ¡siéntolo en el alma! ¡un miembro podrido que continúa separado del cuerpo de los fieles!

—Y aun por algo mas debeis sentirlo, señor beneficiado, porque segun creo, aunque vos me habeis guardado el secreto, Melik el Ferih, es padre de una morisca, de una Mariblanca que es vuestra ama.

—¡Ah! dijo el beneficiado no pudiendo evitar un estremecimiento: vos lo sabeis todo.