—¿No veis que busco al bien, y para practicarle tengo por todas partes gentes que se informan de todo?

—¡Ah! dijo el beneficiado que empezaba á sentir algun recelo.

—Por eso, porque lo sé todo, vuestra venida, á pesar de la fuga del Ferih, no es inutil. No os ireis sin bautizar una mora, y aun mas sin casar á una mora y á un cristiano, padres de la no bautizada.

—¿Y por qué no bautizar tambien á la madre?

—Por la sencilla razon de que, desde que nació la madre es cristiana.

—¡Ah! ¡una morisca!

—Algo mas que una morisca: una sultana.

—¡No os comprendo! dijo el beneficiado que se sentia mal, y que iba viendo transformarse en otro hombre distinto del que habia visto hasta entonces á Yaye.

—Pues es muy fácil de comprender: la dama á quien vais á casar es hija del emir de los Monfíes: en una palabra, es mi hija.

—¡Vos!.. exclamó el beneficiado y no pudo continuar.