Anudósele la voz en la garganta; se puso pálido como un cadáver, tembló, se anonadó; quedó tal como si la tremenda cabeza de Medusa, con toda su terrible virtud y sus sierpes ponzoñosas se hubiese presentado ante su vista.
—¡Qué os espanta! ¿no sois vos el que con tanta crueldad habeis martirizado á los pobres moriscos? ¿no sois vos el que habeis arrebatado los hijos á sus madres y los habeis enviado á los hospicios del rey? ¡Habeis tenido valor suficiente para remitir las súplicas desesperadas, las lágrimas, los gritos de angustia de las desdichadas á quienes arrebatabais los hijos de sus entrañas, y os falta delante de mí que ningun mal he de haceros, puesto que habeis venido bajo el seguro de mi palabra!
Tranquilizóse un tanto el eclesiástico.
—¿Pero quién habia de creer..? dijo: yo hubiera jurado...
—Que yo el don Alonso de Fuensalida á quien conociais, era el mayor cristiano del mundo...
—Vuestras obras... vuestra caridad...
—Si, es cierto: mi caridad hácia los mios, me ha obligado á presentarme ante vos encubierto con un nombre castellano, á captarme vuestra voluntad con donaciones hechas á vuestra iglesia, á fingirme catequizador de moriscos, cuando en verdad solo se bautizaban los infelices por sugestion mia, para evitar las crueldades que so pretesto de religion cometiais con ellos: si es cierto: mi caridad para con los moriscos ha sido grande, porque lo que he hecho en Cádiar lo he hecho tambien en las demás villas de las Alpujarras. Pero no hablemos mas de esto. Procurad tranquilizaros, porque os lo repito: aunque os encontrais entre monfíes, nada os acontecerá: por muy cruel y fanático que seais, aunque mereciéseis un terrible castigo, os he llamado yo, porque os necesito, y estais tan seguro como si os cobijara el trono del rey de España.
—¿Y para qué me necesitais, señor? dijo el beneficiado no bien repuesto á pesar de las tranquilizadoras palabras de Yaye, y tratándole con tanto respeto cuanto era su miedo.
—Ya os he dicho para lo que os necesito: para casar á mi hija y bautizar á mi nieta.
—Estoy dispuesto á obedeceros, señor.