—Con vos ha venido vuestro sacristan que se ha quedado fuera.
—Si señor.
—¿Sabe ese hombre á lo que venis?
—Le he dicho que se trataba de bautizar...
—Bien, por eso no quede, haremos una farsa; mandaré á uno de los mios que se meta en cama...
—Pero...
—¿Y qué os importa á vos pronunciar algunas palabras y verter una poca de agua sobre la cabeza de un hombre?
—Lo que yo temo, es que maese Barbillo que es muy ladino conozca que no se trata de un herido.
—Descuidad que la farsa se hará bien. Ahora vamos á otra cosa. Es necesario que la fecha de ese casamiento y de ese bautismo se anticipen.
—No os comprendo bien.