—Vais á comprender al momento.
Yaye sacó de su bolsillo una cartera, y de aquella cartera dos papeles doblados, y los presentó á Juan de Rivera.
Eran dos partidas de casamiento y de bautismo; la una estaba fechada en 30 de setiembre de 1567, la otra nueve meses despues. Solo faltaba la firma del beneficiado.
—¿Pero no veis, dijo Juan de Ribera, que estas partidas no pueden constar en el libro de la parroquia ni con los folios que aquí tienen?
—Descuidad: el libro de la parroquia desaparecerá sin que os puedan hacer cargo. Ya comprendereis que tratándose de mi hija y de mi nieta, tengo un gran interés en que estas partidas no aparezcan falsas; á vos os interesa tambien porque... pienso demostraros mi agradecimiento de una manera digna de mí.
Y Yaye abrió un cajon de su mesa, y sacó de él uno trás otro, veinticinco columnas compuestas por veinticinco dorados doblones de á ocho cada uno.
—Si, si, es verdad: sois el mismo generoso señor de siempre, pero encuentro una dificultad.
—¿Cuál?
—¿De quién es hija la dama que se va á casar?
—Es hija mia.