—Y no os atrevais á nada cuando os veais libre y seguro en Cádiar, porque podria pesaros.
—¿Y cómo me habia yo de atrever, viviendo en las Alpujarras, á faltar á la voluntad de quien tan poderoso es en ellas?
—Y aun fuera de ellas. Mis monfíes estan en todas partes. Oid: en una ocasion, herido gravemente, caí en poder del Santo Oficio. La Inquisicion hubiera tenido un grande placer en quemarme vivo: pero no pudo. Mis monfíes me sacaron de la cárcel del Santo Oficio. Y esto sucedió en Madrid, delante del rey, como quien dice, y del inquisidor general. Guardaos, pues, si apreciais vuestra vida.
—¿Pero me prometeis, señor, que ningun peligro corro? los moriscos estan inquietos... esta mañana...
—Si; esta mañana se ha cometido un horrible crímen en vuestra iglesia..... pero nada temais por ahora..... mas adelante podrá suceder.... para mas adelante, ya os habré procurado yo una buena prebenda.
—¡Una prebenda! ¡vos!
—Si por cierto. Si, yo quiero haceros obispo..... yo moro, capitan de bandidos, como vosotros decís... sereis obispo.
—¡Ah, señor! exclamó el beneficiado, arrojándose casi á los piés de Yaye.
—Pero para que yo os favorezca, será necesario que os hagais merecedor de mis favores.
—Descuidad, callaré, os serviré, seré vuestro esclavo.