Y Aben-Jahuar tomó á buen paso hácia las quebraduras del frente seguido de Aben-Aboo.

Cuando hubieron atravesado la rambla, subido un áspero repecho, y penetrado en las quebraduras que habia indicado el tio al sobrino, se encontraron en un terreno extremadamente brabío, oculto bajo el saliente de una roca.

—¿Ves la Muela del Lobo, sobrino? dijo Aben-Jahuar, señalando una alta roca que se veia á lo lejos hácia el Sur, al pié de una montaña.

—Si por cierto.

—¿Ves al pié de la Muela una huerta, y en medio de la huerta una casa?

—Sí.

—¿Y alcanzas á percibir á la poca luz que tenemos, lo que pasa delante de aquella casa?

—Tengo muy buena vista, tio: delante de aquella casa hay tres literas, seis caballos y algunas acémilas que estan cargando con maletas y cofres. Eso indica que la gente que vive en aquella casa, ha olido la tempestad de sangre que se prepara, y huye antes de que se le eche encima. Algunos perros cristianos que piensan ponerse en salvo antes de que arrecie el peligro.

—¡Bah! en aquella casa hay cristianos y monfíes.

—¡Cristianos y monfíes!