Y al decir estas palabras se entró con su sobrino en el aposento en que se habian encontrado aquella mañana.
Poco despues un hombre llamó recatadamente á la puerta, le abrieron y entró. Era el emir.
CAPITULO XXIII.
Cómo trataba Yaye á sus parientes.
Tendió á un tiempo las manos á Aben-Jahuar y Aben-Aboo y se las estrechó con fuerza.
El licenciado Juan de Ribera.