Monsalvat no contestaba. Acostado, con el codo en la almohada y la mano en la sien, tenía los ojos en el hueco de la ventana. Pero no miraba hacia allí. Miraba hacia dentro, hacia muy adentro de su corazón. O miraba hacia dentro de otros seres que no estaban allí, de otros muchos seres que él veía allí mismo, intercalados entre su amigo y él. Las palabras del médico le llegaban desde muy lejos. Desde tan lejos que apenas comprendía su significado. Mientras tanto, la ventana parecía encenderse. Toda en oro, vibrante, ofrecía a Monsalvat la Luz.
Sonó el timbre de la calle. Monsalvat, sin moverse, dijo:
—Es el cartero. Trae una carta de Nacha para ti.
Torres sonrió de aquel presentimiento. Sonrió forzadamente, con el temor de que anunciase la verdad. Se levantó e iba a salir, cuando el sirviente entró con una carta. El médico firmó el recibo que había traído el mensajero, sobre una mesita que Monsalvat tenía junto a su cama. No advirtió que Monsalvat no quitaba los ojos del pequeño papel. Luego, abrió la carta. Quedó desconcertado. Monsalvat reía, gozándose de la actitud cortada de su amigo.
—Es Ruiz de Castro que quiere verme. Un asunto. No dice qué—tartamudeó Torres, guardando la carta en un bolsillo.
Y salió, confuso y perplejo, mientras Monsalvat sonreía aún.
Nacha decíale en la carta que deseaba hablarle. Pero no a la entrada ni a la salida de la tienda. Parecía ignorar que Monsalvat viviese con él. Era honesta. Vivía muy modestamente en un conventillo. Ansiaba saber de Monsalvat. Quería que él no la creyese una perversa ni desagradecida. Si se portó mal con él, fué por salvarle a él mismo. Por salvarle de ella, del amor de una mujer indigna. Habíanle asegurado que estaba enfermo. Necesitaba saber si era verdad, si era por causa de ella que estaba enfermo.
A la noche Torres fué al inquilinato. Una casa muy decente, habitada por familias de modestos empleados.
—¡No sabe lo que he sufrido!—le dijo Nacha.—Una tarde nos encontramos en una casa. Y yo...
Torres estaba enterado de aquel encuentro. Nacha entonces siguió: