La sirvienta salió, para volver en seguida.
—Señora... no ha querido irse... no ha querido por nada,—decía la muchacha alarmadísima, haciendo grandes gestos con los brazos.—Se ha entrado en el escritorio. Es un señor bien vestido, pero...
Nacha, nerviosa y con un poco de miedo, se dirigió al escritorio. Su estupefacción fué inmensa al encontrarse frente al hombre del cabaret.
V
—¿Quién es usted? ¿Qué quiere conmigo?—preguntó Nacha, pasado el primer momento de asombro y al ver a su visitante silencioso.
—¿Quién soy? Un hombre cualquiera, que la ha visto sufrir y que se interesa por sus desgracias.
—Pero señor... Debió comprender que no deseaba volver a verlo. No puedo recibirlo. Me hace un mal viniendo aquí. Me expone a un disgusto serio, tal vez a perder mi situación.
—Su situación es lo que usted más detesta...
—¿Cómo sabe? No es cierto. Aquí vivo tranquila, tengo casa, soy libre...