En esa época es muy fácil matar las perdices, porque resisten firmemente la muestra del perro. La hembra vuela primero, y caso de que el cazador la tire, no se mueva, pues aún falta el macho, el cual queda en el terreno muy preocupado buscando á su dulcinea: en este caso arranca poco menos que de los piés; le apunta el cazador y casi casi puede decir que el negocio es seguro. Por esta circunstancia es preciso, cuando sale la perdiz, recorrer bien el terreno en un corto ruedo, y de fijo se mata el macho. Si las dos salen á un tiempo, se observa que la hembra va con la cabeza erguida y el macho la lleva baja, erizando las plumas y dejando colgar un poco las alas. Si se fija bien el cazador, jamás se equivocará tocante á este punto tan importante. Es preferible matar los machos, que abundan.

¡Y cuántas veces se matan los dos! En tal caso, ¡qué alegría é impresion más agradable! El cazador se cree un sér privilegiado; mira á derecha é izquierda, todo ufano, pensando para sus adentros que nadie le aventaja en eso de tirar bien. ¡Vana ilusion! lo que hace uno lo hacen cien mil, pero no todos lo aprecian del mismo modo.

Los pares no hacen los vuelos tan largos, y fijándose bien el cazador en la direccion que toman á poca distancia del cerro que trasponen, allí se hallarán. En la época que nos ocupa dejan mucho rastro, así es que el perro guia perfectamente hácia el sitio de su querencia. Algunas veces, de mí sé decir, sobre todo, que en el último tercio del mes de febrero he perdonado á la hembra. ¿Y por qué? se me preguntará. Porque me acude la idea de que en el terreno en que estoy dando la última mano, tal vez faltaria el bando en agosto, y hay sitios tan privilegiados que es muy sensible no queden en ellos perdices.

Todo cazador debe dar por religiosamente terminada la campaña de la temporada, el último dia de febrero. Y supuesto que hemos llegado á él en nuestra descripcion cinegética, pasemos ahora á exponer las reglas generales y consejos que la experiencia nos ha sugerido.


VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE CAZAR SOLO Ó ACOMPAÑADO.

Hasta el presente el lector-cazador habrá observado (y digo lector-cazador porque al que no sea aficionado á la caza poco le agradezco que fije la vista en mis apuntes), que únicamente me he ocupado del modo de cazar cuando se va solo al monte en busca de perdices.

Cazar solo, tiene el inconveniente de que uno se vuelve salvaje é insociable, pues esto de enmudecer todo el santo dia es muy poco halagüeño. Sin embargo, el cazador se aburre, y no más, cuando trascurren horas enteras sin ver una pieza; si salen éstas al paso, la cosa varía de aspecto.

Fácil es suplir la soledad llevando un criado, quien además de cargar con el peso, prepara el gaudeamus: con todo, no basta semejante compañía, ya que la conversacion jamás puede elevarse á grande altura.