En las estaciones de Calaf, San Guim, Tárrega, no pasa tren sin que bajen de él algunos cazadores procedentes de Barcelona. Los que se apean en Calaf se dirigen á los cazaderos distantes tres ó cuatro leguas, dándoles tales batidas en los primeros meses, que luego quedan pocas y escamadas, por cuyo motivo se caza bien en Calonje, Prats de Rey, Coletas, Torá, Biosca, etc.

Los que bajan en San Guim... ¡oh! esa ya es harina de otro costal. De este punto y de su campiña hablaré apasionadamente, bien lo sé; pues se me figura que voy á hacer el elogio de un hijo de mis entrañas. Con la benevolencia del lector-cazador, que espero me conceda, me tomaré la libertad de ser algo extenso en este párrafo. Es terreno aquel que conozco palmo á palmo. Desde San Guim á Calaf, de la Rabasa á Cervera, y por otro lado de Pujal y Santa Fé y de Rubiñan á Talavera, cuadrilátero de diez leguas, hay un sinnúmero de cazaderos tan bellos y agradables, que nada mejor puede exigir el cazador. La primera vez que cazé en dicho sitio era bisoño en el arte, yendo agregado á la cuadrilla de los cazadores de Gracia, todos honrados menestrales. Agustin Cusí siempre era el que llevaba la batuta en la cacería y merecia el puesto de director, pues sabia cazar, y matar mejor, hallándose además dotado de un conocimiento especial para decir: allí están las perdices. Este buen amigo, sea por simpatía ó por lo que fuere (lo cual le agradezco en el alma), dióme muy buenas lecciones, lástima que no las aprovechara. Como por falta de salud tiempo hace que Cusí no puede salir á la caza, han trascurrido algunos años desde que campo por mis respetos, pero de mi pecho no se ha borrado el agradecimiento y el grato recuerdo de mi excelente maestro.

El cazador que en San Guim pueda disponer de una semana redonda cuenta con grandes recursos, ya que cada dia le es dado cazar en terrenos nuevos y de buenas querencias; y advertiremos á los de Madrid, por si alguna vez quieren visitarnos, que aunque no podemos ofrecerles el Pardo ni Viñuelas, tenemos en cambio La Panadella, El Bosch d'en Carbasa y otros sitios. Aunque sea á riesgo de disgustar á algun amigo, no puedo con aquello de tente lengua... dejar de mencionar como le es fácil á uno gozar una semana enterita en San Guim, cazando cada dia en terrenos diferentes.

El tren llega al medio dia, y por consiguiente, aunque se esté afanoso de escopetear las perdices, por necesidad (bien que por poco tiempo) hay que limitarse á cazar en los alrededores de la estacion, donde nunca faltan un par de bandos que, tomándolas bien en mano, condúcelas el cazador á las cercanías de Freixanet ó bien á San Domí, y aprovechando los tiros aún se lleva uno señales de caza á la posada. He aquí poco más ó menos lo que puede hacerse en la tarde del primer dia. Recomiendo á los cazadores para alojarse, el hostal situado á tiro de pistola de la estacion, ó bien, no estando demasiado fatigados y con humor de andar un cuarto de hora, se acomodarán bien y como en familia en casa Riera, de Amorós, grupo de tres casas. Allí vamos á parar con mi amigo Suñol (Paco), y es tanto el cariño que profesamos á los de la casa y éstos nos corresponden tan bien, que solemos sacrificar el siguiente dia de nuestro arribo, no acudiendo hasta el venidero á los cazaderos que in mente hemos destinado como teatro de nuestras proezas.

Al otro dia ya uno puede tomar por el monte dejando á su espalda el pueblo de Freixanet y dando la cara á Cervera. A simple vista el cazador quedará sorprendido del hermoso terreno que pisa, querencioso para la caza. A ambos lados, montañas de tres horas de extension, en medio de fértil valle cubierto de campos de trigo, viñedos y alguna que otra hortaliza. Si bien en este terreno las perdices se van largas, se las conduce á las últimas estribaciones del monte, ó sea en los bajos, y como siempre ahí es donde se las hace daño, aconsejamos al cazador que al término de esta jornada, agradabilísima por los lances que sucesivamente se presentan, descanse y pida asilo en Montpalau, pueblecito situado en una eminencia. Allí moran los Vilaplana, sencillos labradores que se desviven por dar buena pitanza y mejor cama á todos los cazadores que se presentan. Si durante esta jornada, como es muy probable, sólo se ha logrado recorrer una parte del cazadero, conviene emplear el dia siguiente para batir el resto. Al salir del pueblo se irán siguiendo los montes que quedan á la izquierda, y corriéndose siempre hácia Cervera, se van llevando las perdices adelante; al tercer vuelo intentan éstas retroceder para volver á sus querencias, y entonces es cuando se las castiga. Semejante cacería concluye siempre á medio dia, enfrente del pueblo de Santa Fé; y á la sazon ha de calcular el cazador si le conviene retroceder por los bajos hasta el punto de partida, ó atravesar la hondonada y cazar de regreso en la solana que hay entre Santa Fé, Vergós y Altadill. Para esta parte de la cacería casi más vale emplear otra jornada, pero si los cazadores son dos ó tres y saben cazar, aunque hay pocas perdices se las conduce bien y se las escopetea mucho. El monte presenta infinitas sesgaduras y hay bastantes matas, por cuyo motivo la caza resiste bien la muestra del perro. El término de esta jornada es Altadill, pueblecito de cuatro casas paralelo al norte de Montpalau y que sólo dista un cuarto de hora de él.

El siguiente dia se toman providencias para cambiar de cazadero; y éste debe ser el de La Aygua escampada, distante una legua escasa del pueblo de Montpalau, y como por lo regular el término de la cacería es Timó, la experiencia aconseja que el cazador se encamine al Mas d' en Jaumet, situado á la derecha de la carretera y dos horas lejos de Cervera y quince minutos de Timó. La cacería ha de principiar por la mañana, en las estribaciones del pueblo de la Rabasa, y desde este punto ya el cazador sabe lo que debe hacer todo el dia. Descúbrese á la izquierda otro pueblo, el de Montbrió, y en los cerros de la derecha pasa el tren de Zaragoza, donde está emplazada la via. A lo lejos se divisa Timó, rodeado de montecillos cubiertos de matas de tomillo, y si las perdices vánse por aquel lado, se las zurra de lo lindo, pues esperan mucho. Los terrenos que acabo de describir llevan el nombre de Aygua escampada. Los montes tienen bastante base, pero escasos desaguaderos, por cuyo motivo las lluvias se han abierto cauces, y sin ser quebrado el terreno se hace penoso para el cazador á causa de las muchas subidas y bajadas; mas, si se logra meter las perdices en estos sitios, arrancan todas arrepulladas y se las tira bien. En los terrenos que acabo de citar, aunque no he hablado de la liebre, por no ser este mi objeto, las hay abundantes y se tiran bien, no pasándose dia que no se vean cuatro ó cinco, lo cual presta nuevo aliciente al cazador que se mete por tales andurriales.

Penetremos ya en el célebre Mas d'en Jaumet y vamos á ver cómo nos trata la Antonia, á quien han dejado sola, pues su hija (Antonieta) enlazóse con un rico propietario dels Hostalets, pueblo que dista media hora del Mas. La casa está que ni pintada para los cazadores: espaciosa sala, buenas alcobas y camas blandas, mesa muy regular, pues hasta saben presentar un buen puchero, alimento muy conveniente al cazador para reponerse de las fatigas del dia. De esta casa, cuya fama voló algun dia por el mundo de los cazadores (estilo cajetillesco), van desapareciendo sus antiguos dueños, á medida que va ausentándose la caza de sus contornos. Muchos cazadores han dejado de frecuentarla por lo tristes que allí se hallan, y sólo impenitentes, tales como mis amigos y excelentes cazadores Suñol (Paco), el rebelde Vilaseca y un servidor de ustedes, acudimos allí con frecuencia, pues conocemos bien las querencias de la caza y el sitio en que podremos matar las piezas, con la certeza de asegurar hasta el número de disparos que debemos efectuar segun el punto adonde conduzcamos las perdices.

Mas, al pensar el cazador que quince años atrás siempre se llevaba en movimiento una cincuentena de perdices, mientras que ahora en llegando á noviembre cuando se encuentra un bando de seis ó siete es un acontecimiento, apenas tiene calma para escuchar á los idiotas pastores y rabadanes que dicen: Este año á lo menos hemos cogido en el término de Montbrió unos cuatrocientos huevos y más de veinte hembras en sus nidos, con el lazo (histórico). Y no se crea que se necesita mucho tiempo para recorrer el término citado, pues basta media hora escasa. Sólo cito á Montbrió como ejemplo; los pastores se alaban en todas partes de hacer lo mismo, aunque esté presente el alcalde del pueblo, y hasta se lo contarán á la primera pareja de la guardia civil que encuentren.

Abandonemos, pues, el hostal d'en Jaumet con el corazon dolorido por no poderlo visitar más á menudo, ya que en sus alrededores falta el principal aliciente del cazador, la caza, y emprendamos la jornada llamada de la Carretera hasta la Panadella.

Esta cacería, constitúyela el terreno mejor del mundo. Figuraos (me dirijo al cazador que no haya estado) una red de montecillos (tal vez ascienden á cien), que un par de cazadores inteligentes recorren en una jornada: cada uno de estos montes forma una pequeña meseta donde juguetean las perdices comiendo alguna bellota, al par que con el paso de las carretas que transitan á doscientos metros de allí se entretienen y acechan los excrementos que van dejando las caballerías en el camino, pues esas aves son aficionadas al grano que encuentran entre el estiércol. Serpentea la carretera por entre dichos montecillos, y desde la Panadella, ya provincia de Lérida, hasta Cervera, forma un plano inclinado encajonado entre dos angostos rierales, que llevaron la desolacion á Tárrega, en setiembre del 74, hinchados por las grandes lluvias de aquellos dias. El cazador que sabe lo que hacen las perdices en estos terrenos, ha de seguir por la mañana los lindes de la carretera, si bien son tan querenciosas de dichos sitios las aves, que hay dia que de arriba á abajo se pierde el tiempo sin poderse salir de allí, y esto trabajándolas bien, en cuyo caso lo que más disgusta son los testigos, pues para cazar cómodamente se necesita estar solo.