Sobre la psicología del amor en el Amadís formularon algunas ingeniosas observaciones St. Marc Girardin en el tomo III de su Cours de Littérature Dramatique, cap. XXXIX, y un crítico belga menos conocido de lo que merece, León de Monge, en el segundo tomo de sus Etudes Morales et Littéraires. Epopées et romans chevaleresques (Bruselas, 1889), pp. 256-275.
[349] Dice don Cuadragante, en nombre de los parciales de Amadís, al rey Lisuarte: «Qué mal os acordais de cuando vos sacó de las manos de Madanfabul, de donde otro ninguno os sacar pudiera, y del vencimiento que os hizo haber en la batalla del rey Cildadan, y de cuanta sangre él y sus hermanos é parientes allí perdieron, e cómo quitó a mí de vuestro estorbo... y que todo esto se olvidase de vuestra memoria, habiendo mal galardon; pues si estos que digo contra vos en aquella batalla fuéramos, e no fuera Amadis de vuestra parte, mirad lo que dende vos pudiera venir». (Lib. II, cap. XX).
Me parece indudable que el autor del Amadís se inspiró aquí en las palabras que á Bernardo atribuye la primera Crónica General, recordando él mismo sus servicios en ocasión idéntica, es decir, cuando va á dejar el servicio del rey Alfonso el Casto: «Et dixol Bernaldo: Sennor, por quantos servicios vos yo fis, me devedes dar mio padre, ca bien sabedes vos de cómo yo vos acorri con el mio cavallo en Venavente, quando vos mataron el vuestro, e la batalla que ovistes con el moro Ores... Otrossi quando fuistes desa ves lidiar con el moro Alchaman que yasie sobre Zamora, bien sabedes lo que yo y fiz por vuestro amor, etc.».
Es la única derivación de la epopeya castellana que he creído notar en el Amadís.
[350] Paréceme evidente que el autor del Amadís se inspiró para este retrato en la descripción que hace la Gran Conquista de Ultramar (libro II, cap. CCXLII) de la sierpe que mató Baldovín, hermano de Godofredo de Bullón. «Habia una muy gran sierpe... en aquella tierra del monte Tigris en una peña muy alta. E esta era una bestia fiera, muy grande e muy espantosa ademas, que estaba en una cueva. E tenia en el cuerpo treinta pies de largo e en la cola, que habia muy gorda, doce palmos, con que daba tan grande herida que no habia cosa viva que alcanzase que no la matase de un golpe; las uñas... de cuatro palmos, e cortaban como navajas, e eran tan agudas como alesnas... El su cuerpo era como concha, e tan duro que ninguna arma no gelo podría falsar... E avia cabellos luengos cuanto un palmo, e duros... la cabeza grande e ancha... e las orejas mayores que una adarga... E daba tan grandes voces que se podrian oir grandes dos leguas; e traia en la frente una piedra que relumbraba tanto, que podria hombre ver de noche la su claridad a dos leguas e media; e no pasaba ninguno por aquel camino que della pudiese escapar a vida. E habia destruido esa tierra yerma aderredor tres jornadas».
Si tuviéramos seguridad de que la historia del Endriago estaba ya en el Amadís primitivo, y no fué una de las interpolaciones de Montalvo, tendríamos una fecha importante para circunscribir la época de la composición del libro, puesto que sabemos con certeza que la Gran Conquista de Ultramar se tradujo entre 1284 y 1295, principio y fin del reinado de D. Sancho IV.
[351] «Pues que asi fue que saliendo un dia a caza, como acostumbrado lo tengo, a la parte que del Castillejo se llama, que por ser la tierra tan pedregosa y recia de andar, en ella más que en ninguna otra parte de caza se halla; y alli llegado, hallé una lechuza, y aunque viento hacía, a ella mi falcon lancé, etc.».
[352] Para todo lo relativo á la bibliografía de los libros de caballerías en lengua castellana y portuguesa, es trabajo casi único el de Gayangos (adicionado por él mismo en el primer tomo del Ensayo de Gallardo); pero ya necesita ser refundido por completo, como sin duda lo hará el Sr. Bonilla en esta misma colección. Salvá, en su Catálogo, describe los que poseía, que no eran muchos, pero entre los cuales había algunos de singular rareza. Para las traducciones extranjeras deben consultarse los Manuales de Brunet y Graesse, y para las italianas en especial las bibliografías de novelas y poemas caballerescos de Ferrario y Melzi.
[353] Arte de Galanteria. Escreuiola D. Francisco de Portogal. Offrecida a las Damas de Palacio por D. Lucas de Portogal Comendador, de la villa de Fronteira, y Maestresala del Principe nuestro Señor. En Lisboa, en la Emprenta de Ivan de la Costa. M. DC. LXX (1670). Pág. 96.
De otros extremos de algunos apasionados, especialmente portugueses, por los libros de caballerías hace curiosa mención Francisco Rodríguez Lobo en el primero de los diálogos de su Corte na Aldêa: «Un curioso en Italia (segun un autor de credito cuenta), estando con su muger a el fuego, leyendo al Ariosto, lloraron la muerte de Zerbino con tanto sentimiento, que acudió la vecindad a saber la causa. Y en lo que toca a exemplo, un capitan valeroso hubo en Portogal, que no lo tuvo mejor el Imperio Romano, que con la imitacion de un cavallero fingido fue el mayor de sus tiempos imitando las virtudes que del se escribieron (alude, sin duda, al Condestable Nuño Álvarez Pereira, que había tomado por prototipo á Galaaz, el de la Demanda del Santo Grial). Muchas doncellas guardaron extremos de firmeza y fidelidad, por aver leido de otras semejantes en los libros de cavallerias. En la milicia de la India, teniendo un Capitan Portugues cercada una ciudad de enemigos, ciertos soldados camaradas, que albergavan juntos, traian entre las armas un libro de cavallerias con que passaran el tiempo: uno dellos, que sabia menos que los demas, de aquella lectura, tenía todo lo que oia leer por verdadero (que hay algunos inocentes que les parece que no puede aver mentiras impressas). Los otros, ayudando a su simpleza, le decian que assi era; llegó la ocasion del assalto, en que el buen soldado, invidioso y animado de lo que oia leer, se encendio en desseo de mostrar su valor y hacer una cavalleria de que quedasse memoria, y assi se metio entre los enemigos con tanta furia, y los comenzó a herir tan reciamente con la espada, que en poco espacio se empeñó de tal suerte, que con mucho trabajo y peligro de los compañeros, y de otros muchos soldados, le ampararon la vida, recogiendolo con mucha honra y no pocas heridas; y reprehendiendole los amigos aquella temeridad, respondió: Ea, dexadme, que no hice la mitad de lo que cada noche leeis de qualquier caballero de vuestro libro. Y él dalli adelante fue muy valeroso».