[413] Casi todas estas imitaciones del Orlando están hábilmente agrupadas por el Sr. Borao (página 124 de su Memoria): «Aquella Cristilena tan ingrata con Orfelín después de haber sabido tan por sí propia su amor, y aquella Aquilina, tan infamemente desleal con su esposo Silván, recuerdan á Lidia, princesa de ese reino, que mata á desaires al gran guerrero Alcestes después de haberle obligado á trabajos como los de Hércules; aquella Coronea, reina de los palacios de Plutón; aquella Verecundia, señora de los Valles del Deleite, y aquella Recisunda, reina goda que mantenía costumbres intolerables contra los hombres, recuerdan á la Orontea del canto XX y á la Marfisa de los cantos XIX y XXXVIII; aquella celada resplandeciente de que se apoderó valientemente Clarisel recuerda el escudo deslumbrador con que Ruger venció á la orca que iba á devorar á Angélica; aquellas rosas blanca y roja del sabio Altineo, que denotaban con sus cambios de color la lealtad ó deslealtad de la mujer ausente, recuerdan el vaso de Melisa que, bebido sin derramarse el líquido, anunciaba fidelidad; aquella flecha de Paris y aquella yerba do Astrafelis, que hacían olvidar el antiguo amor é inclinaban á otro nuevo, recuerdan la fuente helada en que bebió Reinaldo, de que resultó desdeñar á Angélica; aquel fruto olvidador de Escocia recuerda la otra fuente en que el desdén, en forma de caballero, hizo beber al mismo Reinaldo».

[414] Así parece que constaba en la primera edición, sólo conocida hasta ahora por la anotación del Registrum de D. Fernando Colón: «Cronica de Lepolemo llamado el Cavallero de la Cruz, hijo del emperador de Alemania, compuesta en arabigo por Xarton y trasladada en castellano por Alonso de Salazar. Valencia, 1521, a, 10 de abril».

En Valencia terminó otra impresión del mismo libro Juan Jofré, á 2 de septiembre de 1525, y en ella se advierte que «fue mejorado y de nuevo reconocido por el bachiller Molina», que será probablemente el traductor bien conocido de los Triunfos de Apiano; de las Epístolas de San Jerónimo y de otras varias obras.

[415] Obtuvo, más bien que mereció, los honores de una traducción italiana, que apuntaré porque no la registran nuestras bibliografías:

«Istoria di Don Cristaliano di Spagna, e dell Infante Lucescanio, suo fratello, figliuoli dell' Imperatore di Trabisonda, tradotta dallo Spagnuolo nelle lingua Italiana, novamente ristampata e con somma diligenza corretta. Venezia, apresso Lucio Spineda: 1609». Dos tomos en 8.º. Es segunda edición como se ve. También el original castellano tuvo dos (Valladolid, 1545; Alcalá de Henares, 1586).

[416] En el Romancero Historiado de Lucas Rodríguez (Alcalá de Henares, 1585) hay trece romances largos y desmayados sobre las aventuras del Caballero del Febo (n. 338-350). El Castillo de Lindabridis, comedia de D. Pedro Calderón, funda también su argumento en un episodio del Espejo de príncipes.

[417] Fácil sería adicionar con más títulos esta lista, pero todos é casi todos constan en el catálogo de Gayangos. Mencionaremos sólo el Don Philesbian de Candaria, de autor desconocido (1543), por ser casi el único libro de caballerías que se cita en el Quijote de Avellaneda.

[418] El Satreyano de Martin Caro del Rincon, pagador de artilleria de la Real Magestad, el qual trata de los valerosos hechos en armas y dulces y agradables amores de Pironiso, principe de Satreia y de otros caualleros y damas de su tiempo. Dirigido al illustrisimo señor don Juan Manrique de Lara, señor de la villa de San Leonardo y su tierra (son 49 cantos en octava rima). Existe manuscrito en la Biblioteca Nacional, donde se halla también, procedente de la de Segovia, el Canto de los amores de Felixis y Grisaida, que es un poema en 19 libros, de autor anónimo.

[419] En la última octava da á entender que ya era médico, y parece imposible que á tal edad lo fuese:

Mas porque mis cuidados y fatiga,
Y el acudir forzoso á mi ejercicio,
Que es conservar las vidas, más me obliga,
Dejo á los más ociosos este oficio...