Fílida, tu gran beldad,
Porque agraviada no quede,
Ser comparada no puede,
Sino sola á tu beldad;
Ser tan buena,
Por ley y razón se ordena,

La contraposición viene después, pero aplicada también á Galatea:

Tú, la misma Galatea,
Más feroz que los novillos
No domados y bravillos,
Que nunca vieron aldea
Par á par;
Muy más dura de domar
Que la encina envejecida;
Más falaz y retorcida
Que las ondas de la mar...
Desmedida;
Más áspera y desabrida
Que los abrojos do quiera;
Más cruel que la muy fiera
Osa terrible parida;
Más callada
Y sorda siendo llamada,
Que este mar de soledad;
Muy más falta de piedad
Que la serpiente picada
De accidente...

Gálvez Montalvo desdobló el canto del cíclope, para repartirle entre los dos pastores de su égloga amebea.

Y en razón y ley no siento
Quien tenga merecimiento
De tu pena.

Alfeo

Andria, contra mí se esmalta
Cuanta virtud hay en ti,
Donde sólo para mí
lo que sobra es lo que falta,
Y porfías:
Si te sigo, te desvías;
Persíguesme, si me guardo,
Y cuando yo más me ardo,
Más te enfrías.

¡Lástima que esta dicción poética tan deliciosa y llana no sea la habitual en Montalvo! Casi todas sus coplas, excelentes por la factura, pecan más ó menos de conceptismo. Su ingenio era naturalmente conceptuoso, si vale la expresión; es decir, refinado y sutil, galante y amanerado. La vida de palacio acabaría de desarrollar en él esta propensión, no contrariada por severos estudios clásicos, pues no parece haberlos tenido. Á lo menos, son raras en él las imitaciones de los poetas antiguos, excepto algunas de Virgilio, que he notado principalmente en la égloga de Silvano y Batto[779]. No quiso agradar á los doctos, sino á las damas, que no podían menos de mostrarse agradecidas á tan gentiles requiebros:

Vuestras mejillas sembradas
De las insignias del día,
Florestas son de alegría
De la eterna trasladadas,
Donde no por las heladas,
No por las muchas calores,
Faltan de contino flores
Divinamente mezcladas...
..............................................
En mi pensamiento crecen
Mis esperanzas y viven,
En el alma se conciben
Y en ella misma fenecen...
En noble parte nacidas,
En noble parte criadas,
Nobles van, aunque perdidas,
Noblemente comenzadas
Y en nobleza concluídas;
Al pensamiento obedecen,
Y en su prisión resplandecen,
Y su natural guardaron,
Que en el alma comenzaron
Y en ella misma fenecen...
...............................................
Sólo aquel proverbio quiero
Por consuelo en mi quebranto,
Pues en tan contino llanto
Le hallo tan verdadero:
Las abejuelas, de flor
Jamás tuvieron hartura,
Ni el ganado de verdura,
Ni de lágrimas amor...

No es Gálvez Montalvo poeta natural, sino candorosamente afectado, pero aun en la afectación misma conserva un buen gusto, ó si se quiere un buen tono, digno de la grande época en que floreció, y que llegó á ser muy raro en los conceptistas del siglo XVII, á medida que la decadencia literaria avanzaba. Hay exceso de agudeza en los versos del Pastor de Fílida, pero gracias á ella se realza el argumento, tan insípido de suyo.