Albanio.—¿Y vos á cuál dellos estáis más aficionado? Porque siempre en juegos y batallas y en otras cosas semejantes, los hombres se afficionan á una de las partes, aunque no las conozcan, y esto sin saber por qué más de que la natural inclinación les mueve en ello la voluntad.
Antonio.—A mí siempre me parecieron bien las cosas de Tulio.
Albanio.—Pues yo quiero tomar y defender la parte de Salustio, porque defendiendo el uno y contradiciendo el otro, más fácilmente podremos venir en el conocimiento de la verdad.
Antonio.—Mucho huelgo que me aliviéis del trabajo, y pues que assí es, decidme: ¿qué os paresce de la opinión de Salustio con los que siguiendo su bandera la defienden?
Albanio.—Lo que me parece es que la más verdadera honra y la que más se debe estimar y tener en mucho es la que viene por antigüedad de nobleza y la que redunda en nosotros de los antepasados, nuestros progenitores. Porque, como es notorio, todas las cosas se apuran y perficionan con el tiempo, en el cual lo que es bueno lo hace venir á mayor perfición de bondad, como se podrá ver por muchos ejemplos que se pueden traer á este propósito. Vemos que el plomo ó el estaño, según la opinión de algunos, con el tiempo se apura y perficiona, de manera que muchas veces se vuelve en plata fina, y el oro, con el tiempo, sube á tener más quilates. Las frutas que de su natural nascen amargas y desabridas, si están en buenos árboles, el tiempo las hace venir á ser dulces y sabrosas, tomando con él otra perfición de la que tuvieron al principio cuando el árbol, desamparado de la flor, comenzó á mostrar lo que debaxo della tenía encubierto. También vemos que el agua que no es buena ni sale de fuentes que no sean buenas, por el contrario, con el tiempo se corrompe más presto, y los vinos que no son buenos, porque las cepas de adonde fueron cogidos no eran buenas ó estaban plantadas en mala tierra, con el tiempo se destruyen más fácilmente que los otros, tomando diferentes gustos malos y desabridos; de lo cual se puede inferir que es más difícil corromperse lo bueno por antigüedad que lo que es por accidente, y que lo que no es bueno por naturaleza, que el tiempo no lo haga bueno, antes le ayuda á seguir su natural y acrecienta lo malo que en él hay para que sea y aparezca más malo cuanto más el tiempo se alargare y pasare por ello. Y así los hombres que tienen la nobleza por sus pasados y con la costumbre y antigüedad se convierte en ellos en otra naturaleza, el tiempo la perficiona, de manera que la que se tiene y se adquiere de nuevo no puede llegar á tener aquella perfición, y así no se deben estimar ni tener en tanto á los hombros que por sus personas han adquerido honra como á los que por sus pasados la adquirieron heredándola por sucesión para que sea más perfecta. Así mesmo estimamos en más la virtud que nasce y cresce con un hombre que de su nacimiento ha sido virtuoso, que no la que tiene un hombre que toda la vida ha sido malo y entonces comienza á ser bueno. Porque el malo estropezará y caerá más presto en la antigua costumbre, y el bueno, que siempre ha sido bueno, dificultosamente puede ser malo, y aunque lo sea, detendráse poco en el mal, tornando luego á usar la bondad que siempre ha usado y con que ha sido nacido. De aquí podremos inferir cuánto más puede y cuánto mayor fuerza tiene la virtud y nobleza que viene por antigüedad y dependencia de los antepasados, engendrada de las obras grandes y virtuosas que hicieron, que no la que de nuevo se gana, porque ansí, como con facilidad se ha ganado, fácilmente puede perderse, y conforme á esto, mayor honra se debe y en más deben ser estimados los que heredaron la virtud y la honra que aquellos que por sus personas y merecimientos la ganaron. Y cuando viéramos que sus descendientes siguen las mismas hazañas y procuran el mesmo merecimiento que aquél que fué principio dellas, cuanto más á la larga fuere la dependencia, tanto es razón de tener en más y dar mayor honra á los que dellos descendieron. Demás destas razones, notorio es á todos, por ser común opinión de todas las gentes, que se ha de tener y estimar más saber conservar lo ganado que no ganarlo y adquirirlo de nuevo; siendo esto así, mayor virtud y excelencia es, descendiendo de un antiguo y estimado linaje, conservar la honra dél y no dar ocasión á perderla que no hacer y principiar linaje de nuevo. En fin, que los que heredaron la virtud y nobleza por la antigüedad parece ser natural, y en los que la han ganado de nuevo, cosa postiza y colgada por hilo tan delgado que fácilmente podrá quebrarse.
Jerónimo.—Buenos fundamentos son, Albanio, los que habéis traído para defender vuestra intención; oyamos lo que dice Antonio contra ellos, que yo quiero ser juez desta cuestión, aunque será para mí solo, pues vosotros no habéis puesto en mi mano la determinación dello.
Antonio.—Por cierto, Albanio, delicadamente habéis tratado esta materia con agudas y delicadas razones, que parece no tener contradición; pero lo mejor que supiere os responderé á ellas y diré las que se me ofrecieren para que conozcáis el engaño que en las vuestras hay. Verdaderamente, el tiempo es el que hace y deshace las cosas, da principio y fin á los que lo pueden tener y con él puede ganarse la honra, y con el mesmo tiempo podrá tornar á perderse. No es cosa tan natural del tiempo ayudar á lo bueno que sea más perfecto en bondad y á lo malo para que sea más malo, que muchas veces no veamos effetos contrarios destos, como de vuestras mesmas razones podría colegirse, que las frutas amargas y con mal sabor con el tiempo se tornan dulces y de buen gusto, y las silvestres y campesinas, trasplantadas y bien curadas, se perficionan y vienen á ser tan buenas y mejores que las otras criadas en los apacibles jardines. Las aguas que se corrompen y vienen á tener muy mal olor y sabor sin que se puedan gustar, vemos que muchas dellas tornan después más sabrosas y en mayor perficion que antes tenían. La experiencia desto se ve en la agua del río Tíber, y assí ha habido en Roma agua cogida de cincuenta y sesenta años, que después de haberse corrompido y estado estragada y hedionda tornó en tan gran perfición, que no la tenían en menos que si fuera otro tanto bálsamo. Lo mesmo acaesció en muchas cisternas donde la agua llovediza se detiene muchos tiempos. Vemos también sin esto que muchas cosas de su natural muy perfectas y buenas, el tiempo no solamente las corrompe, pero con él se destruyen y deshacen del todo. Perfectíssimo metal es el oro, pero tratándolo se gasta y consume; las perlas y piedras preciosas se gastan y pierden la perfición que tenían, y assí todo se corrompe y acaba. ¿Qué cosa puede ser más recia que el acero y el orín lo come y deshace? Y desta manera, la honra antigua y de tiempos pasados, si no se conserva y aumenta, se desminuye y viene á volverse en nada, y algunas veces en un algo que es peor que nada, porque se convierte en infamia y deshonra; pero á esto diréis vos que ya habéis alegado que tan grande y mayor hazaña es conservar lo ganado como ganarlo y adquirirlo de nuevo, y los que vienen descendientes de antiguo y claro linaje, si no hacen cosas dinas de infamia y viven conservando la honra que sus pasados tuvieron sin perderla, que á estos tales se debe dinamente mayor honra que á los que por sí mesmos y por sus obras la merecen. Yo confieso que esta razón parece no tener contradición ninguna, si para ello hubiese una cosa que se nos pasa por alto y desimulamos porque no hace á nuestro propósito, y es que en la conservación de la honra ha de haber trabajo y contrariedad y no menos que en la de aquel que por su persona la ha adquirido. Si vos me dais que dos caballeros que sean iguales en renta y en personas y desiguales en linajes, y el que es de escuro y bajo linaje lo ha ganado por hazañas valerosas y el otro teniéndola lo ha conservado, defendiéndolo de enemigos, poniendo la vida por sustentarlos, no permitiendo que por otros mayores, de mucho poder, le fuese hecho agravio, en este caso yo digo que tendré por más honrado al que conservó y defendió la hacienda y honra de su linaje; pero si no hay contradición ninguna y el que ha heredado el mayorazgo lo está gozando sin trabajo, holgando á su sabor, no lo quiero hacer ni tener por tan honrado como al que por el valor de su persona tuvo tanto merecimiento que pudo venir á ganarlo. Y assí, los antiguos romanos, que sabían bien dar la honra á quien la merecía, tenían dos templos, el uno llamado templo del Trabajo y el otro templo de la Honra, y con grandes estatutos y penas estaba prohibido que ninguno entrase en el templo de la Honra sin que primero hubiese entrado en el templo del Trabajo, dando por esto á entender que no es verdadera la honra que sin trabajo se gana; y así no se puede decir que conservan la honra de sus progenitores los que sin trabajo se hallan en ella y la gozan sin contradición alguna, salvo si estos tales dan muestras y señales de tan gran ánimo y valor, juntamente con la virtud, que claramente se conozca dellos que tendrían ánimo para las adversidades y fortaleza para resistirlas y discreción para conquistarlas, y, finalmente, que serían bastantes para la conservación de la honra y gloria de sus pasados. Y para esto, yo os ruego que me digáis: si vos tuviéredes en un huerto vuestro un espino que diese muy hermosas flores, y después dellas muy sabrosas manzanas, y un peral que diese muy hermosas peras, ¿á cuál dellos estimaríades en más y tendríades por árbol más preciado?
Albanio.—Notorio es que, como á cosa nueva y que hacía más de lo que en sí era, tendríamos el espino, porque del peral es cosa natural dar las peras y del espino es cosa monstruosa y que excede á la naturaleza, y así todo el mundo querría verlo por cosa nueva y digna de admiración, y no habría nadie que no holgase de llevar algún ramo ó raíz para plantar y poner en sus heredades.
Antonio.—Y después que de esse espino se hubiesen producido tantos espinos que ya no se tuviese por nuevo el haberlos, ¿tendríades en tanto á uno dellos como tuvistes al primero?
Albanio.—Buena está de dar la respuesta: que no.