Antonio.—Pues lo mesmo es en los hombres, que cuando es el primero el que comienza á dar la nueva fruta de virtudes y hazañas, tenémosle, y es razón que le estimemos en más que á los sucesores, y así siempre el primero y que da principio al linaje es digno de mayor honra que los que dél proceden, aunque se igualen en la virtud y fortaleza. Demás desto, quiero traer á mi propósito una razón muy común y que, siendo muy mirada, concluye á los que, queriendo conformarse con la razón, no están pertinaces en lo contrario por lo que les toca, y es que, como sabéis, todos somos hijos de un padre y de una madre, que fueron Adán y Eva. Destos procedemos por diversas vías: unos se engrandecieron y hicieron reyes y señores por virtud y fortaleza y con hazañas dignas de memoria; otros, con adquerir riquezas con las cuales compraron sus señoríos; otros vinieron á subir en grandes estados con crueldades y tiranías, y así vimos al grande Alexandre, en su vida señor casi de todo el mundo y en su muerte repartirse su señorío en diversos reinos, de los cuales fueron reyes unos por una vía y otros por otras de las que he dicho. Desta manera sucedió el señorío y monarchía del imperio romano; lo mesmo en el de los partos y asirios y en otros diversos, en los cuales hemos visto subir unos y abaxar otros, abatirse los unos y engrandecerse los otros. Viniendo á particularizar más, lo mesmo se vió también en los particulares; así que hemos visto fenecerse y acabarse muchos linajes y comenzarse y principiar otros, y de los que se acabaron no habrá ninguno que no diga que el que mayor gloria alcanzó y el que mayor honra mereció fué el que hizo el principio dél, digo el que dió principio con virtudes y hazañas, que si el linaje se principió por alguna vía no lícita, estonces esta gloria se ha de dar al primero sucesor que lo mereció por su virtud y fortaleza; y así siempre merece más y tiene mayor fuerza el tronco que las ramas.

Jerónimo.—¿De manera que, según lo que decís, el testamento que hizo Adán fué dexar á todos sus descendientes por herederos, para que el que más pudiese tomar y usurpar fuese suyo?

Antonio.—Assí fuera si no dexara juntamente la razón y la justicia con que nos gobernásemos; pero éstas en algunas partes tienen poca fuerza, á lo menos para con los poderosos, los cuales no quieren que valga razón con ellos más de lo que vale su voluntad.

Albanio.—¿Y qué es lo que queréis concluir de lo que habéis dicho?

Antonio.—Lo que concluyo es que todos somos hijos de un padre y de una madre, todos sucesores de Adán, todos somos igualmente sus herederos en la tierra, pues no mejoró á ninguno ni hay escritura que dello dé testimonio; de lo que nos hemos de preciar es de la virtud, para que por ella merezcamos ser más estimados, y no poner delante de la virtud la antigüedad y nobleza del linaje, y muy menos cuando nosotros no somos tales que nos podemos igualar con los antepasados, porque, como dice Sant Agustín, no ha de seguir la virtud á la honra y á la gloria, sino ellas han de seguir á la virtud. Y en otra parte: No se ha de amar y procurar la honra, sino la virtud y hazañas por donde se merece; y, en fin, una cosa han de considerar los que presumen de ensoberbecerse y hacer el principal fundamento en su linaje para su valor y estimación, y es lo que dice Séneca: Que no hay esclavo ninguno, que si se pudiese saber quiénes fueron aquellos de quien procede, comenzando de muchos tiempos atrás, que no se hallase por línea recta venir de sangre de reyes ó de príncipes poderosos, y que así no hay rey que no venga y sea descendiente de sangre de esclavos, que, según las vueltas del mundo, la confusión que en él ha habido, las veces que se ha revuelto, las mudanzas que ha hecho, los reinos y estados que se han trocado tantas y tan diversas veces, podemos creer con justa causa ser muy verdadero el dicho de Séneca. Y pensando en él debríamos perder la soberbia que tenemos, presumiendo con los linajes, y tener en mayor estima y hacer más acatamiento á los que con sus obras hacen principio á su linaje; que no hay razón para que queramos heredar los mayorazgos y no las virtudes de aquellos que los ganaron con ellas, y gozar de lo que ellos gozaron por la prosperidad de las riquezas y no porque tengamos el mismo valor en las personas. No dirá uno: «soy virtuoso ó soy bueno»; sino: «soy de los godos, ó soy de tal ó de tal linaje, descendiendo de tal casta ó de tal parentela»; y no miran lo que dice Ovidio en el libro XIII de su Metamorphoseos:

Et genus, et proavos, et quæ non fecimus ipsi,
Vix ea nostra voco.

Jerónimo.—Yo no he estudiado gramática para entender eso.

Antonio.—Quiere decir, que el linaje y los agüelos y las cosas que ellos hicieron mal puede uno decir que son suyas, ni preciarse dellas, pues él no las hizo. Y lo mesmo dice otro poeta, que no tengo memoria quién es, aunque se me acuerdan sus versos que son éstos:

Sanguine ab etrusco quid refert ducere nomen
Cum friget et virtus cumque relicta jacet.

Que quiere decir: ¿qué hace al caso traer el nombre y descendencia de la sangre de los toscanos, como la virtud se haya resfriado y habiéndola dexado éste desamparada? Por cierto si los hombres tuviesen buena consideración no habrían de decir: «mis pasados fueron virtuosos y buenos y por esto me precio dellos», sino: «yo soy bueno y virtuoso como mis passados lo fueron, y primero me quiero preciar de mí y después de mis progenitores», que más excelente cosa es dar principio á un linaje que no irlo prosiguiendo, si no fuese con las condiciones que he dicho. Y si lo queréis ver, por ejemplo, decidme: en las órdenes de Santo Domingo y San Francisco y otros sanctos que las instituyeron, ¿á quien estimaréis en más, á los mesmos sanctos que las ordenaron y dieron principio ó á los religiosos que las guardan y cumplen con toda sinceridad y pureza? Por cierto mucho se debe á los religiosos, pero no habrá nadie que con razón pueda decir que no se deba mayor honra á los mesmos sanctos, porque fueron causa y principio del bien de todos los otros. Y si queréis decir que por esto se entiende que hemos de tener en más al que da principio á un linaje que no á los sucesores, pero que no por esto ha de ser más honrado que los que proceden de otros linajes más antiguos, responderos he yo que más estimo á San Francisco que al mejor fraile de la orden de Santo Domingo, y en más á Sant Benito que al mejor fraile de la orden de San Bernardo, y así en todas las otras órdenes, no porque cada uno de los frailes no pudiessen igualar en bondad y en santidad con los santos que he dicho, sino porque no fueron principio ni dieron principio á las órdenes, como lo hacen los que comienzan y dan principio á los linajes; así que con esto alcanzaréis lo que se ha de sentir desta materia que altercamos. En fin, en justa razón y verdadera filosofía, el mundo en esto está tan ciego como en lo demás, y la causa es que, como hay pocos que puedan alcanzar y tener el valor de sus personas por la virtud y bondad, y muchos que se pueden preciar de sus antepasados, pueden más en esta guerra los muchos que los pocos, y no curando de razón ni justicia, ni queriendo escuchar las que los otros tienen, defienden su partido á puñadas y forzosamente.