Antonio.—Hermosa y fuerte razón es la que, señor Albanio, habéis traído, y argumento muy aparente, aunque no dexa de tener respuesta bastante, porque, como suelen decir, debaxo de la buena razón á veces está el engaño, y asi lo está debaxo desto que vos habéis dicho cuando quisiéredes bien entenderlo, porque yo no niego que al que es de buen linaje y hijo de buenos padres se le debe mayor honra, siendo bueno, que al que es de humilde linaje aunque sea bueno; pero esto se entiende cuando son igualmente buenos, que bien podría ser bueno el que es de buen linaje y tener mayor bondad el que es de más bajo estado; y en este caso todavía me afirmo en que es digno de mayor honra el que mayor bondad tuviere; esto podréis mejor entender por lo que agora diré. Notorio es que muchos romanos de oscuros y bajos linajes hicieron hechos tan valerosos que por ellos merecieron ser recebidos en Roma con muy honrados y sumptuosos triunfos, y á algunos dellos se les pusieron públicas estatuas en los lugares públicos y fueron tenidos y estimados como dioses que decian, héroes entre los hombres. No faltaban juntamente en Roma algunos hombres de antiguos y claros linajes, muy virtuosos y sin mancilla que les pudiese embarazar la honra; pero con no igualar en los hechos, ni en la fortaleza y virtud del ánimo con los otros, no se igualaban con ellos en la honra que se les hacía, antes eran tenidos y estimados en menos. El rey David, pastor fué que guardaba ganado, y en su tiempo muchos varones sanctos y virtuosos hubo que descendían de sangre de reyes, á los que no les faltaba virtud ni fortaleza; pero con no igualarse en ellas ni en las hazañas tan valerosas, principalmente cuando mató á Golias, no fueron tan honrados ni tan estimados de las gentes como lo fué el rey David. Y así podría traeros otros diversos exemplos, los cuales dexo por la prolixidad y porque entre nosotros lo vemos cada día; que dos hijos de un padre y de una madre igualmente buenos, si á algunos dellos por permisión y voluntad de Dios ayuda y le favorece la industria en poder acabar y salir con hechos más hazañosos, le tenemos y estimamos por más honrado que al otro.

Jerónimo.—Desa manera al acaecimiento se ha de atribuir la honra de los hombres y en él está darla á los unos y quitarla á los otros.

Antonio.—Principalmente se ha de atribuir á Dios, pues todas las cossas se gobiernan por su summo poder y voluntad. Pero con esto permite que algunos sean más bien empleados que otros, y así cuando unos se ensalzan, otros se humillan y abaten, que no pueden estar todos en una igualdad. Y así resolviendo me digo, que cuando dos hombres, el uno de buen linaje y el otro de no tan bueno, fueren igualmente buenos, que ha de ser preferido y antepuesto en la honra el de buen linaje al otro, y si no son iguales, siendo mejor en virtud y fortaleza el que es inferior en linaje ha de ser más estimado y preferido; y conforme á esto se ha de entender el decreto sobredicho, porque la razón que habéis dicho de que merece mayor pena el bueno, haciendo lo que no debe, que el que no es tal como él, yo os lo confieso que así es digno de mayor gloria. Pero (como en lo que arriba he dicho bien á la clara yo he probado) el que tiene más virtud y valor, aunque sea desigual en linaje, ya se ha hecho tan bueno con ello como el otro, y aun mejor. Y así está ya puesto debajo de la mesma obligación de usar la virtud y bondad, y obligado á la mesma pena. Lo que entenderéis por un ejemplo que diré: Si un fraile ha que es fraile cuarenta años, y otro no ha más de uno que hizo proffesión, ¿no estará éste obligado á los preceptos de la orden como el otro? ¿y no pecará igualmente?

Albanio.—Aunque en parte le relevaría no estar tan habituado á las observancias de la orden; pero si no es pecado por inorancia, eso no puede negarse.

Antonio.—Pues lo mesmo es en lo que tratamos; que cuando uno se ensalza y engrandece con virtudes y hazañas, hace profesión en la orden de la honra, de manera que tan obligado queda á guardar los preceptos della y conservarla como aquel que de antiguo tiempo tiene esta obligación, pues que á todos nos obliga la naturaleza igualmente á ser virtuosos, no quiero decir en un mesmo grado, sino que nos obliga á todos sin excetar alguno, dexando la puerta abierta para que sea vicioso, y á lo mesmo la verdadera ley christiana que tenemos y seguimos nos obliga juntamente á todos, y desta manera, si bien lo consideramos, no tenemos por qué decir que es más obligado á sustentar la honra de sus antepasados uno que desciende de claro y antiguo linaje que uno que por si mesmo la ha ganado de nuevo.

Albanio.—En fin, la común opinión es contraria de lo que decís, porque tienen en tanto una antigua y clara sangre, que el que della participa, siempre es juzgado digno de mayor honra.

Antonio.—No entendemos qué cosa es ser buena y clara la sangre, pues ya conocemos qué cosa es ser antigua. Por cierto á muchos juzgamos de buena sangre que la tienen inficionada y corrompida de malos humores, y dexando de ser sangre se vuelve en ponzoña que, bebiéndola, bastaría á matar á cualquier hombre, y algunos labradores hay viles y que no sabiendo apenas quiénes fueron sus padres tienen una sangre tan buena y tan pura que ninguna mácula hay en ella. Esta manera de decir de buena sangre es desatino y un impropio hablar. Pero dexando esto, yo estoy espantado de las confusiones, novedades, desatinos que cada día vemos en el mundo acerca desto de los linajes; pluguiesse á Dios que tuviesse yo tantos ducados de renta en su servicio para no vivir pobre, como hoy hay hidalgos, pecheros y villanos que no pechan, que en esto hay algunos que se saben dar tan buena maña, que gozan del privilegio que no tienen, y otros hay tan apocados y tan pobres, que no son bastantes á defender su hidalguía cuando los empadronan, y assí la pierden para sí y para sus descendientes. Y assí hemos visto dos hermanos de padre y madre ser el uno hidalgo y pechar el otro, y ser el uno caballero y el otro no alcanzar á ser hidalgo. Algunos de los que son hidalgos no hallan testigos que juren de padre y agüelo, como la ley lo manda; otros que no lo son, hallan cien testigos falsos que por poco interese juran. Y assí anda todo revuelto y averiguada mal la verdad en este caso.

Jerónimo.—Así es, señor Antonio, como vos lo decís, que muchas veces lo he considerado y aun visto por experiencia. Pero decidme, ¿qué diferencia hay entre hidalgo y caballero, que yo no lo alcanzo?

Antonio.--Yo os la diré. En los tiempos antiguos, los reyes hacían hidalgos algunos por servicios que les hacían ó por otros méritos que en ellos hallaban; á otros armaban caballeros, que era mayor dignidad, porque gozaban de más y mejores essenciones; pero esto se entendía en sus vidas, porque después sus descendientes no gozaban de más de ser hidalgos. Los que eran caballeros se obligaban á cumplir ciertas cosas cuando recebían la orden de caballería, como aun agora parece por algunas historias antiguas, y en los libros de historias fingidas, que tomaron exemplo de lo verdadero, se trata más copiosamente, y por esta causa eran en más estimados. Agora no se usa aquella orden de caballería, y así hay muy pocos caballeros á los cuales nuestro emperador ha dado este previlegio ó por sus virtudes ó por otros respetos, y con ser la mayor dignidad de todas en la milicia, puede tanto la malicia de las gentes, que si antes que hubiessen la orden de caballería no eran de buen linaje, los llaman por despreciados caballeros pardos ó hidalgos de privilegio, paresciéndoles que por ser en ellos más antigua la hidalguía tiene mayor valor, y dexando de guardar en esto la verdadera orden que se ha de tener. A los hidalgos ricos llaman caballeros, y á lo que creo es porque tienen más posibilidad para andar á caballo, que yo no veo otra causa que baste, porque tan hidalgo es un hidalgo que no tiene un maravedí de hacienda como un señor que tiene veinte cuentos de renta, si, como he dicho, no es armado caballero; y hay tan pocos caballeros en Castilla, que aunque el rey ha dicho algunos, no sería muy dificultoso el número dellos, y con todo esto no veréis otra cosa, ni oiréis entre los que presumen sino á fe de caballero, yo os prometo como caballero, sin que tengan más parte con ser caballeros que quien nunca lo fué ni lo soñó ser, ó diremos que toman este nombre en muy ancho significado porque el vulgo tiene por caballero que es hombre rico que anda á caballo. Desta manera son todas las otras cosas que tocan á esto de la honra, que ningún concierto ni orden hay en ellas, sino que cada uno juzga y defiende como le parece y como más hace á su apetito.

Albanio.—¿Sabéis, Antonio, qué veo? Que cuando comenzamos esta materia prometisteis de no sentenciar en ella, y á lo que he visto, por más que sentenciar tengo vuestras palabras, pues ningún lugar habéis dejado con ellas para ser más estimados los herederos de la honra que los que por sí la ganaron, y no os veo tan desapasionado en esto que queráis volver atrás de lo que habéis dicho en ninguna cosa.