No vivas, no, dichosa, muy segura
De que has de ser toda la vida amada;
Llegará el tiempo que la nieve helada
Agote de tu dicha la hermosura.
Yo, como tú, gocé también ventura;
Ya soy, como me ves, bien desdichada;
Querida fui, rogada y estimada,
Del que tu gusto y mi dolor procura.
Consuela mi pasión, que el dueño mío,
Que ahora es tuyo, fue conmigo ingrato;