Favor, amor, que en su rigor me abraso.
¿Cómo de gloria estás conmigo escaso,
Que se lleva otro dueño mis despojos?
¡Oh qué prados de espinas y de abrojos,
Mirando ajeno el bien, llorando paso!
Mal haya quien, amando, en nada fía,
Fidelidad ingrata, triste lloro,
A yugo desleal mi cuello obligo.
Ya murió mi esperanza; era al fin mía:
Falsa me paga cuando firme adoro,