Sin remediar mis quejas:
Y si lloran mis ojos,
Recibes de mis lágrimas enojos:
O remedia la llama en que me abraso,
O déjame llorar el mal que paso:
Y el llanto venza el mío,
Tu crueldad, tu tibieza, tu desvío;
Pues es rigor quitarme,
Cuando llorando estoy, desahogarme.
¡Ay, con cuántos rigores el alma sin ti lucha,