El tierno y amado hijo,

Así estoy cuando no os veo,

Dulcísimo dueño mío.

Los ojos en vuestra ausencia

Son dos caudalosos ríos,

Y el pensamiento sin vos

Un confuso laberinto.

¿Adónde estáis, que no os veo,

Prendas que en el alma estimo?

¿Qué oriente goza esos rayos,