Con tales colores has pintado su retrato, que cuando yo no supiera tus desdichas, y por ellas conociese desde que le nombraste que eras el dueño de las que yo tengo tan sentidas como tú, conociera luego tan ingrato amante, a quien no culpo por ser esa su condición, y tan sujeto a ella que jamás en esto se valió de su entendimiento para poder vencerle: muchas prendas le he conocido, y a todas ha dado ese mismo pago y tenido esa misma correspondencia.
De lo que puedo asegurarte, después de decirte que pienso que su estrella le inclina a querer donde es aborrecido, y aborrecer donde le quieren, es que siempre oí en su boca tus alabanzas y en su veneración tu persona, tratando de ti con aquel respeto que mereces.
Señal de que te estima, y si tú le quisieras menos de lo que le has querido, o no lo mostraras, por lo menos, ni estuvieras tan quejosa, ni él hubiera sido tan ingrato: mas ya no tiene remedio, porque si amas a Celio con intención de hacerle tu dueño, como de ser quien eres creo, y de tu discreción siempre presumí, ya es imposible; porque él tenía ya las puertas cerradas a esas pretensiones y a cualesquiera que sean de esta calidad, por tener ya órdenes, impedimento para casarse, como sabes.
Para su condición solo este estado le conviene, porque imagino que si tuviera mujer propia, a puros rigores y desdenes la matara, por no poder sufrir estar siempre en una misma parte, ni gozar una misma cosa.
Pues que quieras, forzada de tu amor, lograrle de otra suerte, no lo consentirá el ser cristiana, tu nobleza y opinión, que sería desdecir mucho de ella; pues no es justo que ni el padre de don Félix ni su hermana, tus deudos y el monasterio donde estuviste y fuiste tanto tiempo religiosa, sepan de ti esa flaqueza, que imposible será encubrirse: y estar aquí donde estás, hay peligro de ser conocida de los bandoleros de esta montaña, y de la gente que para visitar estas santas ermitas la pasan, ni es decente ni seguro; pues como yo te conocí, lo podrán hacer los demás.
Tu hacienda está perdida, tus deudos y los de tu muerto esposo confusos, y quizá sospechando de ti mayores males de los que tú piensas, ciega con la desesperación de tu amor y la pasión de tus celos, tanto, que no das lugar al entendimiento para que te aconseje.
Yo que miro las cosas sin pasión, te suplico que consideres y pienses que no me he de apartar de aquí sin llevarte conmigo, porque de lo contrario entendiera que el cielo me había de pedir cuenta de tu vida; y esto sin más interés que el de la obligación en que me has puesto con decirme tu historia y descubrirme tus pensamientos, la que tengo a ser quien soy y la que debo a Celio, mi amigo, del cual pienso llevar muchos agradecimientos, si tengo suerte de apartarte de este intento, tan contrario a tu honor y fama; porque no me quiero persuadir a que te aborrece tanto que no estime tu sosiego, tu vida y tu honra tanto como la suya.
Esto te obligue, Jacinta hermosa, a desviarte de semejante designio. Vamos a la corte, donde en un monasterio principal de ella estarás más conforme a quien eres; y si acaso allí te saliese ocasión de casarte, hacienda tienes con que poder hacerlo, y discreción para olvidar con las caricias verdaderas de tu legítimo esposo las falsas y tibias de tu amante; y si olvidándole, y conociendo las desdichas que has pasado y las malas correspondencias de los hombres, tomases estado de religiosa, pues ya sabes que es el más perfecto, tanto más gusto darías a los que te conocemos.
Ea, bella Jacinta, vamos al convento, que se viene la noche, y entregarás a los frailes sus corderos, porque mañana, poniéndote en tu traje, pues ese no es decente a lo que mereces, recibirás una criada que te acompañe, y alquilaremos un coche en que volver a Madrid, que desde hoy, con tu licencia, quiero que corra solo por mi cuenta tu opinión, y agradecerme a mí mismo el ser la causa de tu remedio.
Y si no puedes vivir sin Celio, yo haré que Celio te visite, trocando el amor imperfecto en amor de hermano. Y mientras con esto entretienes tu amorosa pasión, querrá el cielo que mudes de intento y te envíe el remedio que yo deseo, al cual ayudaré como si fueras mi hermana, y como tal irás en mi compañía.