Si mis penas pudieran ser medidas,

No fueran penas, no, que glorias fueran;

Con más facilidad contar pudieran

Las aves que en el aire están perdidas.

Las estrellas a cuenta reducidas,

Más cierto que ellas número tuvieran;

Por imposibles, fáciles se vieran

Contadas las arenas esparcidas.

Sin ti, dulce y ausente dueño mío,

La noche paso deseando el día,