NOCHE SEXTA.
DESENGAÑO SEXTO.
AMAR SOLO POR VENCER.
Cuando dio fin la música, ya la hermosa Matilde estaba prevenida para referir su desengaño, bien incierta de que luciese como los que ya quedaban dichos; mas ella era tan linda y donairosa, que solo sus gracias bastaban a desengañar a cuantos la miraban, de que ninguno la merecía; y así, cuando no fuera su desengaño de los más realzados, la falta de él supliera su donaire; y viendo que todos suspensos callaban, dijo así:
—Cierto, hermosas damas y bien entendidos caballeros, que cuando me dispuse a ocupar este asiento, dejé a la puerta prevenida una posta, y ya traigo las espuelas calzadas; porque el decir verdad es lo mismo que desengañar: y en el tiempo que hoy alcanzamos, quien ha de decir verdades ha de estar resuelto a irse del mundo, porque si nos han de desterrar de él los que las escuchan, más vale irnos nosotros; pues la mayor suerte es vencerse uno a sí mismo, que no dejarse vencer de otros.
De esto nació el matarse los gentiles, porque como no alcanzaban la inmortalidad del alma, en cambio de no verse abatidos y ultrajados de sus enemigos, no estimaban la vida, y tenían por más hermosa victoria morir a sus mismas manos que no a las de sus enemigos; y de esta misma causa nace hoy el decir mal los hombres de las mujeres, porque los desengañan, si no con palabras, con las obras.
Hablo de las que tratan de engañar y de desengañar; los hombres fueron los autores de los desengaños; historias divinas y humanas nos lo dicen, y aunque pudiera citar algunas, no quiero, porque deseo granjear nombre de desengañadora, mas no de escolástica; que ya que los hombres nos han usurpado este título con debilitarnos más de lo que la naturaleza nos afeminó; y ella, si nos dio flacas fuerzas y corazones tiernos, por lo menos nos infundió el alma tan capaz para todo como la de los varones; y supuesto esto, gocen su imperio, aunque tiranamente adquirido, que yo por lo menos me excusaré de cuestiones de escuela.
Digo, en fin, que como las mujeres vieron que los hombres habían de más a más inventado contra ellas los engaños, hurtáronles no el arte sino el modo. Entra un hombre engañando (como es la verdad, que todos lo saben hacer bien), la mujer finge engañarse, y cuando ve que ya el hombre trata de deshacer el engaño, adelántase a ser la primera.