—En verdad, dijo el uno de los criados, que tenéis cara más para eso que para lo que pretendéis, y que gastara yo de mejor gana con vos mi jornalejo que con el guardián de san Francisco.
—En lo uno ni en lo otro le envidio la ganancia, hidalgo —dijo don Esteban—, y ahorremos de chanzas y entre a decir si me han menester; porque si no, tengo otras dos casas en venta y me iré a la que más me diere gusto.
—Yo le tendré muy grande en que os quedéis en casa, señora hermosa, porque me habéis parecido un pino de oro, y así entraré a decirlo; mas ha de ser con una condición, que me habéis de tener por muy vuestro.
—Entre, galán, y dígalo, que se verá su pleito —respondió don Esteban.
Con esto el criado entró donde estaban sus señoras y les dijo cómo afuera estaba una doncella que preguntaba si la querían recibir para servir en lugar de la que se despidió.
—Y os aseguro, señoras —medio amartelado el escudero—, que su cara, despejo y donaire más merece que la sirvan que no que sirva: y demás de esto dice que sabe tañer y cantar.
Sonole bien a Laurela esta habilidad, como quien era tan llevada de ella, y a las damas no desagradó, que luego mandaron que entrase, que como madre y hermanas querían ternísimas a Laurela, todas seguían su inclinación, no juzgándola viciosa ni advirtiendo que el demonio teje sus telas, tomando para hacerlo de cada uno la inclinación que tiene.
Dada pues la licencia, entró la doncella, y vista e informadas de lo que sabía hacer, agradadas de su brío y desenvoltura, a pocos lances quedó en casa; porque si a todas agradó, a Laurela enamoró, tanto era el agrado de la doncella. No fue este amor de calidad de don Esteban, porque Laurela, sin advertir engaño, creyó que era mujer.
Preguntáronle el nombre, y dijo que se llamaba Estefanía, sin don, que entonces no debía de ser la vanidad de las señoras tanta como la de ahora, que si tienen picaza la llaman «doña Urraca», y si papagayo, «don Loro»; hasta a una perrita llamó una dama «doña Marquesa», y a una gata, «doña Miza».
—Pues, Estefanía —dijo Laurela—, yo quiero oír tu voz, para ver si me agrada tanto como tu cara.