—Sí, mas es amor y no provecho amar una mujer a otra —dijo una de las criadas.
—Ese —dijo Estefanía— es el más verdadero amor, pues amar sin premio es mayor fineza.
—¿Pues cómo los hombres —dijo una de las hermanas de Laurela— a cuatro días de amar le piden, y si no se le dan, no perseveran?
—Porque no aman —respondió Estefanía—, que si amaran, aunque no los premiaran, no olvidarían, que amor verdadero es el carácter del alma, y mientras el alma no muriere, no morirá el amor. Luego siendo el alma inmortal, también lo será el amor, y como amando solo con el cuerpo no le alcanzan, aborrecen u olvidan luego, por tener lugar para buscar alimento en otra parte, y si alcanzan, ahítos buscan lo mismo.
—Pues según eso —dijo otra doncella—, los hombres de ahora todos deben de amar solo con el cuerpo y no con el alma, pues luego olvidan, y detrás de eso dicen mal de las mujeres, sin reservar a las buenas ni a las malas.
—Amiga —respondió Estefanía—, de las buenas dicen mal porque no las pueden alcanzar, y de las malas, porque están ahítos de ellas.
—¿Pues por qué las buscan? —dijo la otra hermana de Laurela.
—Porque las han menester —dijo Estefanía—, y por excusar un buen día a los muchachos, porque los maestros no los suelten temprano.
—Pues si solo por necesidad aman, y son tan malas por ellos las unas como las otras, más vale —respondió Laurela— ser buena y no admitirlos.
—Todo es malo —dijo Estefanía—, que ni han de ser las damas tan desdeñosas que tropiecen en crueles, ni tan desenvueltas que caigan en desestimación.